martes, 22 de diciembre de 2015

MI AMIGO JULIÁN



MI AMIGO JULIÁN
Gerardo Barbera 



He vivido rodeado de soledades, escuchando miles de voces…tan vacías, tan silenciosas, tan lejanas; como si la realidad se esfumara entre las grietas de la muerte infinita. Los rostros giran sin nombres, sin almas, como ausencias delirantes que atormentan. Aquí, algunos alumnos y profesores parecen lobos hambrientos;  comen y comen sin parar, engordan, estiran sus garras, se aferran a sombras de otras dimensiones; y  finalmente, mueren  cansados; demasiado cansados de respirar y comer, de mirar sin entender, de soñar sin haber vivido en el paraíso que les prometieron, nunca se enteraron de que la Revolución Bolivariana fue un engaño, la vil venganza de un viejo que se muere en su reinado, allá en el medio de las aguas del Caribe. Y aquí, en la Tierra de Bolívar, los pobres de siempre se van de este mundo con el cerebro en blanco, totalmente olvidados. Los líderes bolivariano, los muñecos de Fidel,  ofrecieron panteones a sus Generales… y les cumplieron, llenaron de soles los hombros de los uniformes, y los soldados murieron felices con el deber cumplido, con sus casacas rojas, sus flores rojas…sus Generales se fueron al cielo… mientras el Pueblo se queda haciendo colas, largas colas mendigando un poco de harina de maíz.
¿Saben lo que me dijo un profesor de Filosofía, de esos que pensaban liberar al pueblo, ustedes saben, “concientizándolos” con los viejos conceptos comunistas de Marx?... “La existencia plena se realiza en el encuentro con el Otro, con el ser humilde que se muestra en los rostros oprimidos… ¡Con el Puebloooo!” Ya quisiera yo que el profesor Julián estuviese aquí conmigo. Julián se fue hace poco, ya hablaba solo, con la mirada perdida tratando de encontrar los rostros populares de los que tanto nos habló. ¡Ojalá estuvieses aquí, querido amigo! ¿Sabes…? Aquí está el Pueblo, y yo estoy con ellos…sí…aquí mismo, en la misma cola, tratando de encontrar un pote de leche en polvo… no es para mí, ni voy a revender, es para mi esposa, Ella toma su café con leche cada mañana y cada noche.
Y aquí estoy haciendo la cola, rodeado de esos rostros de los que nos hablaste. Profesor Julián…el rostro del Pueblo está casi deforme, la Revolución Bolivariana de los farsantes  le ha robado la sonrisa. La gente en la cola me asfixia, siento  deseos de empujarlos a todos, es como si las personas me estorbaran; como si de pronto, una fiebre terrible me invadiese, y siento un calor pegajoso que no puedo soportar. “Ese coleado”, “sáquenlo”, “fuera”, “fuera”. Yo también grito, no sé lo que está pasando en la entrada del mercado, pero estoy indignado, cansado de todo y de todos. La Guardia Nacional dispersa a la multitud con “bombas lacrimógenas”. Todos corren hacia cualquier parte. La cola ha terminado por hoy; tengan la seguridad de que mañana volveré, trataré de llegar una hora más temprano. Juro que no me van a colear.


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