martes, 19 de junio de 2018

LOS LIRIOS DEL CAMPO






1

La noche en el cristal,
oscuridad, un fondo gris,
el soplo del viento,
murmullos empañados y secos,
ninguna palabra.

2

El ir y venir de las enfermeras,
sigo sentado, sin nada que decir,
todo se hace denso y siento tristezas,
saludan a la Madre, tocan mi hombro,
del otro lado de la ventana
miles de pájaros fugitivos se liberan de la lluvia.

3

El gesto doloroso de los árboles sin hojas,
giran palabras que se quedan a mi lado,
“Sí”, “No”, “Mucha sangre”, 
“No sabemos”, “Sólo Dios sabe”,
hablo de mis temores, nadie escucha.



4

Sábanas blancas, gotas en el piso,
mi Hija iba dormida, muy sola,
como alondra sin sol,
abandonada y arrojada al mar,
“a dónde la llevan”, “doctor, por favor, diga”,
dos señoras sostienen a la Madre, la invitan a rezar,
no sé lo que vendrá después de este silencio insoportable.



5

Alguien limpió las gotas,
nos miran, y no hay palabras,
¿qué decir en estos casos?
“todo va a salir bien”, “pueden contar conmigo”,
la luna desaparece por completo
y una imagen fugaz cruza mi mente.

6

Las comadres se la vuelven a llevar,
un rosario de madera, esos vestidos negros,
la duda circular y alucinada,
las horas marchitas del otoño se desprenden,
cae el crepúsculo a lo lejos
la espina rompe mi espíritu.


7

El frágil anochecer,
apago la luz, salimos en silencio,
mi Hija duerme,
ya no quiero leer este libro viejo,
su ciencia deja mis heridas intactas.



8

Se detiene la lluvia en mi rostro,
“Me duelen, papá, mis piernas”,
la Madre se hunde,
una estampa milagrosa le da consuelo,
el llanto inútil se pierde en la noche.



9

Mi Hija ha despertado, quiere olvidar
lanzar las rocas pesadas al abismo,
se envuelve en su manto mágico de luz,
no entiendo de esas cosas,
Ella teje un resplandor entre sus manos,
yo quedo en el desierto.


10

La enfermera habla de dosis, horarios,
escribo en una pequeña libreta,
mi Hija tiene esa mirada fija,
abro la ventana, los veleros se acercan,
me siento a su lado.



11

Mi Hija mira el amanecer, todo es sereno,
quiero tenderme sobre esta pared sin sol,
sin pensar en la vida ingrata,
una inquietud vaga me invade
y siembra su veneno en mi piel.

12

Traen medicinas, jeringas, alcohol,
libros de oraciones, hablan de Dios,
mi Esposa reparte café,
veo mi reflejo en el agua sucia,
soy una escoba, sólo eso.


13

La Madre se consume como esas flores
que el viento arroja a la orilla del jardín,
el piso no brilla, falta un poco de jabón,
un trapo húmedo, los muebles y ese polvo,
pronto llegarán los Amigos.

  

14

A veces el mar desaparece en el espejo,
mi Esposa se quita los aros y los coloca en mis manos,
“hay que pagarle a la enfermera”,
¿habrán monedas ocultas bajo los cojines?,
“ya vengo, dile a la enfermera que espere un poco”

15

“Papá, quiero caminar”, 
“papá, no siento las piernas”, “papá, tengo frío”, 
“¿la Virgen me ayudará, verdad que sí?”,
estoy en la mitad del destino,
arreglo las almohadas,
una sombra devora lentamente mis ilusiones.


16

La amiga cristiana, la de la guitarra,
“yo tengo fe que todo cambiará”
aplaudo y ellos me creen, canto más fuerte,
el agua se queda en la arena,
no regresa al mar.



17

Los dulces en las pequeñas cestas, 
amigos en la cama, dos guitarras y esa alegría, 
quiero alzar las manos,
una mariposa inmóvil, las cadenas envejecidas,
el horizonte en la ventana, no siento nada.


18

Ayer se cumplieron dos años,
estoy demacrado, tan amarillo
como aquel maniquí de la tienda,
el pobre estaba tirado, desnudo, sin mirada,
no es bueno sentirse así.

19

Mi Esposa no ha dormido,
sus pétalos se caen, la despedida, 
y tiene que ocultar el dolor,
hay tristezas que no digo,
humillaciones que se quedan,
nada de esto se borrará jamás.



20

Hay trocitos de galletas en el piso,
tengo que limpiar el cuarto esta noche,
me había olvidado del espejo,
no soy esa imagen encorvada,
Ellos se irán mañana.


21

“¡Adiós, Hija!”, “¡Cuídala!”,
“¡Chao, Hermanita!”,
la guitarra, la mariposa que se aleja,
la sombra tras la puerta,
cada instante se agota entre los árboles enloquecidos,
el canto nublado de cada “Hasta luego”,
negación en cada gesto inolvidable,
“¡Bendición, Mamá!”,
“¡Dios te bendiga, Hija de mi alma!”.


22

Llevo horas mirando la puerta,
torbellinos espesos me esperan,
la quietud es horrible,
voy al baño, todavía están sus cosas,
el agua es fría,
he quedado atrapado en el tiempo.


23

No encuentro la toalla, pienso en mi Esposa,
qué vida me espera,
¿y mi Hija, qué será de Ella?
Mañana dejaré de llorar,
esta noche seré humano, 
nada más que eso.


24

No hubo noche tan vacía,
hay una luz sagrada en este cuarto,
hasta la enfermera junta las manos,
mi pensamiento se detiene frente al mar
donde duermen solitarias las estrellas.

25

Se fueron los amigos,
los de la foto en el celular,
siempre envían voces, imágenes, recuerdos, oraciones.
Ella habla con la Madre, con el Hermano,
como si estuviesen en este cuarto,
riego el jardín, cierro los ojos,
entre las rosas y la luna hay un mar inmenso,
pienso en Ellos.


26


La mesa sin Ellos se ve tan blanca,
coloco las dos sillas que faltan,
así parece que nada ha cambiado,
¡qué locura!, guardo las dos sillas,
ya no puedo seguir escondido 
bajo el frío intenso de la lluvia.

27

Veo en los ojos del animal  el pánico desnudo,
uno de los niños lanza a la pobre rana
por encima de los árboles, y eso fue todo.
“¡Señores, buenos días, disculpen que les robe
un minuto de su tiempo, mi Hija está enferma,
necesito comprar medicinas!”,
tengo sed, no puedo olvidar el vuelo de la rana.

28

Palabras devastadas,
el silencio, los giros de luces que llegan de la calle.
Mis manos tendidas, sin rostros en mi mente,
sin odios, sin resentimientos, sin dolor,
"Gracias, y que el Señor se los multiplique".



29

Es como caminar sobre escombros,
siento cenizas en todo mi cuerpo,
no hay una sola brisa que no me toque,
siento que resbalo,
tengo miedo de perder cada moneda,
el sol seca mi frente,
no quiero saludar a nadie.


30

Zapatos viejos, dos pantalones, dos camisas,
¡Qué soledad, Dios!, los años me aprietan,
estoy tan cansado, mi cuerpo se dobla,
Mi Hija canta algunos salmos,
yo cuento monedas,
desde cuándo tengo tantas grietas,
soy un muñeco que ha perdido la sonrisa.


31

Dios, sólo me falta la botella de licor barato,
mi Hija no sabe nada,
no sabe de mis zapatos sucios,
que nadie le cuente,
en su ventana sólo vuelan burbujas de colores,
yo llevaré  los lirios a su cuarto,
hablaré de lo bien que me va en el trabajo,
de lo sencillo que ha sido todo,
que mi Hija no se entere de mis zapatos sucios.


32


La vida sin rumbo, sin rostros,
y nos aferramos con todo nuestro ser
a cualquier esperanza para no caer,
cabalgo en el diluvio errante del destino,
encontraré esas sombras invisibles
de las que todos hablan.


33


Ahí está mi Hija, en la silla de ruedas,
de a poco llamando a la vida,
el mar está ahí, los senderos asoman sus pétalos,
y el aroma de un nuevo amanecer
cubre la perfecta armonía del universo.


34

Cuido sus rosas, las que sembraron Ella y la Madre,
se acercó al rosal, me miró, su voz:
"¡Gracias, papá!", me abrazó.
agito las sobras en mi bolsillo, 
quiero tener sueños,
"papá, mírame, salí del cuarto".



35

Todos la saludan,
Ella sonríe, lanza un puñado de arena muy lejos,
su mirada persigue el silencio de las olas más altas,
sé que nacerán lirios en el jardín,
mi Hija se vestirá con el canto mágico
y transparente de los sueños.

36

Mi Hija salió del cuarto, en su silla,
el tiempo en Ella estaba inmóvil,
me oculto en mis temores enfermizos,
la señora que siempre reza, la del rosario en la clínica,
rompe en lágrimas de alegría,
tal vez sea un milagro,
no siento emociones,
quiero arrojar la silla al otro lado del mar,
donde el viento azota sin piedad
y las piedras duermen en silencio.


37

La Madre, el Hermano dejan la piel en el jabón
puedo sentir sus voces,
tal vez, mi Esposa me recuerde,
ya tienen los ojos cansados 
de tanto mirar la ventana.


38

Ni el silencio más profundo alivia mi pesar,
qué vida es esta, 
me doblo hasta el polvo, y nada alcanza,
no queda nada que vender,
no hay paredes imaginarias,
hay un brillo especial entre las olas,
el mar, siempre el mar.


39

Lo que busco en la trascendencia se agota,
el mismo viento, las hojas que ruedan, el mismo final,
no encuentro la luz mágica que florece,
siento el sabor sin música de una voz no escuchada,
de una plegaria que se ha quedado en el aire.

40

Libélulas triunfales llevarán sus pasos
a la otra orilla del mar,
llorarán , cantarán, tendrá amigos nuevos,
yo iré luego,
estaremos cenando,
no me cansaré de hablar de cualquier tema
y esa primera noche, dormiré como nunca.


41

Se consume el tiempo en esta Casa,
el verde se seca,
los pétalos duermen escondidos,
trinos enredados que ya no escucho,
los nombres de aquellos niños se perderán en mi dolor,
me cubriré de esta niebla,
habrá primavera, caminará, lo juro,
aunque me quede en la calle.


42

Los pasos de mi Madre,
ese aroma al despertar,
"pequeño amor, pequeño y grande",
mi escuela, "apúrense, que van a llegar tarde"
el surco desconocido ha llegado, cerraré las puertas,
se borrarán de mi mente los lirios y las rosas.


43


Soy este espacio, el calor de siempre,
la voces de colores,
puedo hablar con el aire, no hay modo de volver,
ya nada es igual, no son las mismas olas,
las flores silenciosas se despiden.

  
44

Un rumor lejano se detiene en mi memoria,
ayer éramos todos a la mesa,
la Abuela y sus historias, 
"otra vez con ese cuento Abuela, ya lo sabemos",
y Ella los contaba, 
demasiado silencio,
ya no hay ruidos en el patio.


45

"Déjenme, yo puedo", tiemblan sus piernas,
sus huellas en la hierba, la mirada invencible,
la flor nace entre los escombros,
la luna deja suaves pinceladas 
y mis palabras se hacen viejas.



46

Caminará sobre el sendero verde,
no viajaré a su lado, pero estaré con Ellos, 
yo hablaré de ustedes, de ilusiones mágicas,
de tus sueños, Hija,
de tus sueños.


47

"!Mira, papá, sin muletas!",
el mar en sus ojos, el águila en el cielo, 
se olvidará el dolor, la noche quedará limpia,
surgirán piedras doradas y las guardaré
en mis bolsillos para siempre.



48

Las hojas caen y parecen dormidas,
una mentira que fracasa,
quiero golpear el agua estancada,
la rueda se detiene en el tiempo,
las piedras van y vienen,
venderé la Casa Grande 
y los lirios  del campo cubrirán los caminos.

49

Adiós a las lluvias entre las ramas,
he abierto los brazos,
un templo se desvanece,
mejor me llevo algunas rosas,
están calladas las golondrinas esta tarde.


50

“Todo ha salido bien”,
“Pronto la verán caminar”.
la Madre  quiere estar aquí,
hay en mí una fuerza silenciosa,
siento frágil mis rodillas,
necesito dormir y despertar sin temores.

51

Hija, toca el mar con tu silencio,
hasta que tus ojos se duerman
de tanto mirar el horizonte,
deja el ancla en la oscuridad,
se han vuelto azules los barcos en mi pupila.

  
52

Adiós a la Casa Grande,
he quedado igual que un vaso frente al espejo,
quiero tocar el rocío del jardín,
mirar por última vez mis rosales, los naranjos
y los lirios del campo.



53

El café sin sabor, siento la caída,
el peso bajo mis huellas,
y tendré que sonreír,
hablar de nuevos proyectos.
El viento áspero en la ventana,
lloro frente el mar que apenas escucho,
lavo mi cara, arreglo el cabello que me queda,
y el gusano temeroso se hace ángel de fuego.

54

Se irá, lo sé, mi Hija partirá,
y me alegro de verdad.
Ella estará con la Madre, el Hermano, sus Amigos,
y tal vez, antes de morir, estaré con Ellos,
todo es amarillo, las fotos, las miradas,
ya alumbran las primeras estrellas,
se despiden las voces de la Casa  Grande.



55

La Casa Grande, donde estaba la Abuela,
“anda a barrer el patio”, el Abuelo callaba,
recogía las hojas; se sentaba, así vivió.
La Señora que ayudaba a mi Madre,
¿estará viva?, ¿cómo se llamaba?
¡La Catira!, ¡Por Dios, ese no era su nombre!


56

Las ondas de la neblina son pálidas,
es duro el camión de la mudanza,
cerré la puerta, quedé solo,
un manojo de llaves entre mis manos,
los postes sonámbulos y encorvados,
la vida se hace vieja esta noche,
ya casi llegamos,
“Irma Cristina”, qué habrá sido de esa Señora.  

57

El apartamento, “tipo estudio”,
no hay ni siquiera un espejo,
podría ser más sencillo, sin dolores inútiles,
colocaré este espejo en la pared del baño,
no encuentro la almohada,
mañana será otro día.


58

No se aparta de la ventana,
el mundo se hace inmenso,
Ella habla y habla de sus planes,
de la Madre que la espera,
del Hermano que la quiere,
“ven con nosotros, papá”.




59

Yo quiero estar con Ellos,
no sé como decirle la verdad,
mis zapatos rotos, el otoño sin hojas,
la quietud debajo de la puerta,
el nido olvidado entre las aguas.

60

Mi Hija se va, la Madre le espera,
tal vez, mi Hijo me recuerde,
quiero saber de sus vidas,
conocer lugares tibios,
mejor voy a dormir,
soñaré que estoy con Ellos,
no habrá viaje para mí.

61
  
Dejarme aquí le partirá el alma,
a lo lejos todo es horizonte,
un boleto oculto, letras tímidas,
sus lentes opacos, hace frío,
Ella habla, llora, abraza, llora,
la mañana queda inerte, en silencio,
ya están llamando, ¡Adiós, Hija!;
tal vez, para siempre.

62

Sobre una rama de la palmera
agoniza un lirio abandonado,
mi viaje es imaginario, inexistente,
mejor me acostumbro,
no hay barcos azules,
ni más puertos que estas playas.


63

Ellos me esperan, creen que iré pronto,
y que estaré en cada cena,
yo cortaría el pastel de fresas,
contaría las mismas historias que narraba la Abuela,
dormiría junto a mi Esposa, como antes,
en la Casa Grande.