sábado, 30 de septiembre de 2017

LOS LIRIOS DEL CAMPO (81-87)







El mundo va y viene
por la ventana,
las nubes nocturnas
me invaden,
¡Dios, qué me pasa!
Muero de soledad,
sumergido como una sombra
atrapada en el ayer,
no puedo dormir,
me atormenta el silencio,
el lamento
de una estrella
al caer.

 “Mamá, Ella es mi novia”,
“Qué nombre le vas a poner
a tu Hija”
“Nació el varón, igualito
Al Abuelo”.
Todos se han ido,
pero están aquí,
no,
no es una
simple frase.
Están aquí de verdad.
Se quedarán conmigo
 para siempre.

Sentado en este banco,
miro los restos
de la Casa Grande…,
“Charcutería la Feria”.
Ya no hay patio,
no está mi Esposa,
ni mis Hijos,
ni mis Padres,
ni mis Hermanos.
Se fueron las olas,
no hay aves en el cielo,
se marchitaron
los rosales.
¡Adiós a la
Casa Grande!


¿Recuerdan…?
¿Mi Hija enferma?
La cama infernal,
sin esperanzas,
sin deseos,
la mirada perdida.
Yo pedí con toda mi alma
ocupar el espacio,
la soledad,
desesperanza
del silencio oscuro,
el tormento de ese
deseo de morir…
¿Recuerdan?
¡Dios me ha escuchado!
  
En su infinita bondad
escuchó mi plegaria.
Mi esposa,
mi Hija,
mi Hijo…,
están lejos,
como el sol,
cubiertos de esperanzas,
a la luz del arcoíris;
y sus sueños
son mi alegría.


Tal vez,
 mis manos
se esfumen en la arena,
sin que mis ojos
se iluminen.
Tal vez,
llegue la noche
y sueñe con ellos.
No cruzaré
el sendero azul,
caerán mis cenizas
en silencio,
cerca muy cerca
de las ruinas
de la Casa Grande.

 “No hay Visas”
¡Dios!
Estoy cansado,
quiero dormir,
solo,
Casi sesenta años,
Ellos creen que iré
pronto…,
y que  todo
 será como antes,
y seremos felices
otra vez…,
tendremos un jardín…,
inmenso…,
para cuando vengan
los nietos…,
como antes,
en la Casa Grande.



LOS LIRIOS DEL CAMPO (73-80)





El aeropuerto,
sus amigos,
el aroma infinito
del mundo sin horizontes,
No siento angustia,
ni soledades,
Ella habla,
 llora,
abraza,
llora.

Ya están llamando…,
no,
no quiero abrazos,
ni lágrimas,
sólo camina…,
¡Adiós!
 Tal vez…,
Para siempre.

¡Los viernes!
Siempre espero la llamada,
Viven en  Florida,
mi Esposa,
mi Hijo,
mi Hija.
Sol y primavera,
rostros iluminados.
Sus voces,
gotas nocturnas,
llega la noche,
la neblina
el mar,
el fin de la llamada.

 “Estamos gestionando la Visa”.
Se despiden,
vengo aquí,
al mismo banco,
casi sesenta años,
no creo que me vaya.
Ahí,
sobre las ramas
nidos abandonados,
tan olvidados.
Quiero dormir,
sin sombras,
soñando en el viaje
imaginario,
inexistente.

El mundo en mi apartamento,
es  simple,
como un capullo,
silencioso
de noche,
tan pequeño,
que añoro profundamente
la Casa Grande.
No hay sonidos,
quietud,
un zancudo,
el calor,
no hay amigos,
las paredes blancas.
No habrá viaje,
Lo sé.


El sol se despide,
una flor cae lentamente,
todo es gris,
como el silencio
de las aves.
¡Florida, por Dios!
Si al ver los ojos
de mi Esposa…,
sé que está triste,
como la tarde.
Ella sabe,
¡Lo sabe!


El tiempo está aquí,
sobre mi piel,
y pienso en Ellos,
estoy conforme,
mi Hija…,
mi Hijo…,
y mi Esposa
me sueñan cada
noche,
siento el susurro
que calma
la soledad.

Yo los veo a todos,
a mi Padre
podando los rosales,
escucho perfectamente
las  quejas de mi Madre,
ahí está la Abuela
tomando café
hablando del Abuelo muerto.
Veo a mi Hermano,
a mi Hermana,
me recuerdo a Mí,
los tres…,
llegando de la escuela.



viernes, 29 de septiembre de 2017

LOS LIRIOS DEL CAMPO (65-72)




Estoy aquí…,
la miro…,
y Ella…,
habla y habla
de sus planes,
“¡ven con nosotros,
papá!”.
La magia en sus ojos,
la fantasía,
la luz en cada gesto,
en sus sueños,
en su voz.


¡Ven papá!
¡Anímate!
Lo sé,
Ella lo sabe,
soy un barco viejo,
sin velas,
sin horizontes.
Cortaré las amarras.
Ella habla y habla…,
y yo,
recuerdo la Casa Grande,
nunca me iré,
lo sé…
y Ella lo sabe.


La noche se ha ido,
la razón, la paz,
dormir despacio,
sintiendo el calor
en cada silencio.
Ella navega en el tiempo
y sabe que el mundo
le espera,
sin mí,
lejos,
con el Hermano,
con la Madre.


El aroma del mar
y asa voz oculta
en el rumor de las olas.
Mi Hija se va,
yo lo sé,
la madre le espera,
mi esposa
cansada
llora a lo lejos;
tal vez,
mis ojos nublados,
voces lejanas,
tal vez,
mi Hijo me recuerde.


Florida, Miami…,
dos maletas ocultas,
Ella se va,
lo sé.
Dejarme aquí,
le partirá el alma,
se irá en primavera,
cuando comiencen las lluvias
y el cielo se torne gris.


La última morada,
soledad,
lejanía,
cuando todos
se vallan,
dormiré solo,
en la oscuridad,
de esta habitación
tan vacía
como el silencio
del amanecer.

Después de cuatro años,
mi Hija y yo
brindamos con vino,
reímos, cantamos,
hablamos con la Madre,
con mi Hijo,
la magia del celular.
Ellos allá…,
sin embargo,
mi alma lloraba
de lejanía.

La rosa en el lago,
se me olvidan las horas,
la calma en el cielo,
las horas,
la partida,
mis manos secas,
su mirada tierna,
su corazón en llamas,
la Madre le espera,
Florida,
el mar entre Ella
y mi silencio.





miércoles, 27 de septiembre de 2017

LIRIOS DEL CAMPO (57-64)




Mis manos descansan
sobre el plástico
de la pequeña mesa,
¡Ya no hay patio!
¡Ni jardín!
Ni los viejos frutales,
ni el corral…,
solamente…,
esta mesa.
Una gotera,
la puerta fría,
sin lunas,
sin estrellas,
sin los grillos
de la infancia.
  
Y doy gracias a Dios
con todo mi corazón,
porque mi Hija
ha vuelto ,
no hay oscuridad
en su alma,
Ella está ahí,
en la cama,
en el único cuarto,
ríe con sus amigas,
hablan de novios,
de canciones,
celulares.
Mi Hija…,
ha vuelto.
¡Qué importa
La Casa Grande!



La noche,
luz vital,
burbujas delirantes
que se callan.
Se despide de la madre,
saluda al hermano,
la vida en el celular,
fotos, besos,
mensajes, voces,
fotos, besos,
“pásame a tu padre”,
fotos, besos.


Ellla baila,
le canta al espejo,
el dolor se olvida,
sus amigos le llaman,
la esperan,
 Ella se despide,
“¡No te preocupes,
llegaré temprano!”.
Su naturaleza libre,
mis temores,
diluvio y calor,
las rosas,
sirenas alarmantes,
el corazón
se desboca,
Ella se va,
y la luz
entra por la ventana.


Los recuerdos,
el amargo terror,
sentimientos entre
las nubes
de la oscuridad
que invade,
el temor de que
algo le pase,
la noche eterna,
sin descanso,
pensando siempre
en lo peor.
Ella llegó,
las nubes
pasan.


Las penas se van
cuando se empieza la vida,
se olvidan los dolores,
las lágrimas,
se renace con más fuerzas,
con deseos de volar.
Estoy cansado,
pensando
en cosas viejas,
en días lejanos,
lluvias,
sonrisas,
alegrías,
tristezas, me siento solo,
demasiado solo.



 La luz y su rostro,
su nueva alegría,
las canciones que vuelven,
su mirada infinita
que trasciende.
el mar en la ventana,
el cielo…,
sus alas…,
yo recuerdo la casa grande,
Ella suspira
una nueva vida.


Sé que el tiempo
se desvanece
frente a mí.
Mi hija no se aparta
de la ventana,
el mundo se hace inmenso,
más amplio
que el jardín
de la casa grande.
Volará…, lo sé,
como las aves
y las flores.