jueves, 14 de enero de 2016

LA ESENCIA DEL CONOCIMIENTO






III   LA ESENCIA   DEL  CONOCIMIENTO


Gerardo Barbera






Hablar acerca de la esencia del conocimiento, nos llevaría a plantearnos el problema concerniente  a la relación que existe entre el sujeto y el objeto, en cuanto que esta relación determina el criterio del valor del mismo conocimiento, en cuanto especifica el “material” que compone el pensamiento elaborado.

Las preguntas surgen, ¿cómo es posible la relación entre el sujeto y el objeto?, ¿a cuenta de qué pueden relacionarse?. ¿ Bajo qué condiciones se puede dar la relación entre el sujeto y el objeto?, ¿ qué papel juega el sujeto, en su relación con el objeto?, ¿qué papel juega el objeto...?

Las preguntas no pretenden apuntar hacia el “cómo se da el conocimiento”, ya que esto, posiblemente, nos llevaría a una especie de “teoría del aprendizaje”. Se trata de apuntar hacia las condiciones bajo las cuales se produce la relación entre el sujeto y el objeto; es decir, ¿gracias a qué...?.

En tal sentido, a lo largo de la historia del pensamiento occidental se han propuesto algunas soluciones a la problemática anterior, mencionaremos solamente tres: El Idealismo, El Materialismo (Dialéctico), y el Fenomenalismo.




EL  IDEALISMO

Es una posición extrema, que niega la existencia de una realidad sólida, independiente de una “conciencia”, o de un sujeto. Existe identidad perfecta entre lo pensado y la realidad. Si la experiencia muestra diferencia entre las ideas y el mundo real, se trata de ignorancia por parte de quien observa, detrás de las diferencias aparentes entre el pensamiento y los objetos, el mundo es total y únicamente LOGICO. Barragán  reafirma esta postura presentada por el idealismo:

La posición idealista es una toma de posición ante el problema del conocimiento extrema al realismo. El idealismo pretende reducir al mundo a una actividad del espíritu. (p. 65) 


Todo cuanto existe obedece a las leyes del pensamiento, a la Lógica. Las leyes del pensamiento lógico, son las leyes de la realidad. A tal punto, que en el mundo racional, se encuentra la verdadera realidad. Por lo tanto, no hace falta recurrir al mundo exterior para encontrar la verdad, basta con analizar las leyes del pensamiento, es ahí, en nuestra conciencia en donde encontraremos la verdadera sabiduría, “Conócete a ti mismo”. Verneaux.  nos describe la posición radical del idealismo, tomando como ejemplo la filosofía kantiana :

La concepción idealista es la de Kant. Lo que es notable, en la definición nominal que propone al empezar, es que no se hace ninguna mención a las cosas, de lo real, del ser.  Sino que la verdad está concebida como una relación inmanente al espíritu, el acuerdo del conocimiento  con el objeto representado. No haremos más que desarrollar la idea si decimos que la verdad es idéntica a la “objetividad” del pensamiento. La objetividad a su vez se reduce a la “validez universal” del juicio, entendiendo por ello que se impone a la razón, común a todos los hombres. Y se llega, por lo tanto, a esta definición: La verdad es el acuerdo del juicio con las leyes inmanentes de la razón, o,  más simplemente, el acuerdo del pensamiento consigo mismo. (p118).


¿Qué hay en nuestras mentes?, ¿Qué producen nuestros pensamientos?: Ideas. Por lo tanto, el camino de la verdad se recorre al estudiar el mundo de las ideas. No sólo en cuanto a la búsqueda de la verdad, sino, en cuanto a la existencia de todo cuanto existe: Primero son las ideas y luego el mundo de los objetos. Es algo así como las teorías que están de modas: “Piensa y se te dará”, “Si piensas que eres feliz, lo serás”, “Visualiza, y ya verás...”.

Son las ideas las que mueven el mundo. Cierta vez, un filósofo llamado Hegel, cuando dictaba una conferencia, alguien le hizo la observación de que la realidad era siempre muy diferente al mundo de las ideas, a lo que Hegel respondió: “Si la realidad contradice a las ideas, peor para la realidad”. En la revista “Apuntes Filosóficos N° 1”, el profesor Reyes (1992)  presenta la esencia misma del idealismo:

Filosofía idealista: Partirá siempre de lo interior, de lo suprasensible (aquello que no se da en los sentidos pero que sin embargo existe: el yo, la libertad, etc.) Para ella todo reside en el pensamiento y el espíritu mismo es todo su contenido. Se toma por objeto la idea misma; con ella se piensa llegar a lo determinado. (p. 97)


Hegel llegó al extremo de creer, que lo único existente era la “Consciencia Absoluta”, y que todo cuanto existía en el mundo material, incluyendo al hombre, se transformaba poco a poco en parte de esa “Consciencia Absoluta”.    

MATERIALISMO (DIALECTICO)

Se trata de una propuesta que afirma la existencia del mundo exterior, totalmente independiente del sujeto, o de cualquier consciencia. Pero, no se trata de una realidad fija e inmóvil, el mundo está en constante movimiento, y este movimiento produce un constante cambio del mundo exterior, en donde todos los objetos se encuentran relacionados.

Desde esta visión de la realidad, se entiende que todo cuanto existe es materia en constante movimiento y cambio. La misma consciencia es fruto del cambio constante (evolución) de la materia, por lo tanto, la conciencia es fruto de la materia, y no al revés como enseñaban los idealistas. Henri Lefebvre  nos presenta la “razón dialéctica” como el método adecuado de análisis de la realidad que se encuentra en constante movimiento gracias a las “contradicciones de la materia”:

La otra actitud admite simultáneamente que el pensamiento humano busca la verdad a través de las contradicciones y que las contradicciones tienen un sentido objetivo, un fundamento en lo real. Se deja de considerar absurda o aparente toda contradicción; se convierte, en cambio, el estudio de las contradicciones y de su fundamento objetivo en una preocupación central. Se estima que los métodos tradicionales del pensamiento reflexivo deben desarrollarse en este sentido; al establecer, más enfáticamente que nunca. , la verdad y la objetividad como metas de la razón, se define una razón más profunda: La razón dialéctica. (p.26)

Sin embargo, la consciencia solamente puede evolucionar en cuanto transforma el mundo externo (trabajo). Y para esto necesitan ir descubriendo, a lo largo de la historia, las leyes del movimiento de la materia; es decir, las leyes del materialismo dialéctico. Roger Garaudy  presenta  una descripción profunda de la dialéctica, tal como es entendida por el marxismo materialista:
La dialéctica empieza con es “desdoblamiento del uno” por el cual, como ha mostrado Wallon, en el esplendor mismo del mito primitivo, el pensamiento crea una primera escisión entre el mundo de la apariencia inmediata y el de la realidad profunda concebida en forma de mito. Surge una segunda contradicción cuando el pensamiento, renunciando a las ilusiones trascendentes del mito, se reconoce como simple hipótesis, y, por consiguiente, acepta la confrontación con la realidad sometiéndose al veredicto de la práctica: si el modelo que ha construido no “se ajusta”, es decir, no da cuenta de los fenómenos, y no nos da el poder sobre ellos, no nos permite manejarlos, entonces hará falta o bien complicar el modelo o bien reemplazarlo procediendo a una reorganización global de nuestro saber. Contradicción y totalidad son así dos momentos inseparables de esa dialéctica del conocimiento que es, al mismo tiempo, una dialéctica del trabajo. (p.57)



  Las leyes del materialismo dialéctico cobran valor universal, nada escapa de su poder. Estas leyes son aplicables a los objetos que existen en el planeta, a los que están en las galaxias, a los minerales, a los vegetales, a los animales y al hombre.

Aplicadas al hombre, que es sociedad en sí, se convierte en “Materialismo Histórico”, que serían las leyes del materialismo dialécticos aplicado a la historia de la humanidad. El materialismo dialéctico aplicado a la “Vía Láctea”, se convertiría en “Materialismo Galáctico”. Dentro del mundo de las “partículas sub-atómicas”, se llamaría, “Materialismo Cuántico” y así, sucesivamente. Nada puede escapar a las leyes de la materia.
FENOMENALISMO

No sé  cuál es la razón, por la cual en la historia del pensamiento occidental, cada vez que aparecen dos filosofías que tratan un mismo tema desde puntos opuestos, siempre aparece una posición “conciliadora”, o que pretende colocarse en  el centro, equilibrando la balanza del saber. Este es el papel que pretende jugar el fenomenalismo: colocarse en el centro entre el materialismo y el idealismo.
Según el fenomenalismo, es impropio hablar de ideas independientes de los objetos. Por otra parte, el objeto como ser en sí, independiente del sujeto, o de cualquiera persona, carece de interés para el propio conocimiento.
En el campo del conocimiento resulta imposible separar la conciencia del objeto conocido, no podemos tener ideas que no representen a ningún objeto. Y todo objeto es conocido en cuanto es para una conciencia, en tal sentido, “Fenómeno”, significa, “lo que aparece”. La realidad es objeto del saber en cuanto aparece, en cuanto es para una consciencia determinada. Hartmann (1921) opina acerca de la naturaleza del fenómeno:

Todo fenómeno  es accesible sin distinción. En cada uno de ellos, su trabajo consiste en poner “entre paréntesis” lo inesencial, subjetivo, casual, y en poner de  manifiesto la “esencia” supraempírica de la cosa. Al hacer resaltar los rasgos esenciales de la situación dada, el fenómeno es elevado a la esfera “eidética”. (p. 204)

Siempre la consciencia será intencionada; es decir, dirigida hacia un objeto, la consciencia vacía, sin un objeto, no existe. Es imposible ser consciente de “nada”. De lo único que la consciencia no es consciente es de sí misma. La conciencia siempre esta dirigida hacia el exterior, a lo distinto, a lo otro. Edmundo Husserl (1989) en la obra “Curso Fundamental de Filosofía”, aclara lo referente a la naturaleza del fenómeno y de la conciencia intencionada:

Husserl define a la inversa la singularidad de los actos del pensar, percibir, etc., desde el sentido de lo que contienen; es decir, desde lo pensado y percibido, etc. Eso es lo que aparece originariamente, con anterioridad a cualquier construcción teórica; en otras palabras, eso es el “fenómeno”. A él se refieren los actos psíquicos, está en la presencia de algo distinto de ellos mismos; es decir, que son intencionados. (p. 21)


Le es propio a la consciencia en su naturaleza el conocimiento del objeto, la capacidad de descubrirlo, de robarle la esencia, para formar la idea. Siempre la idea es de algo, por lo tanto, el objeto es real. Siempre el objeto del conocimiento es el dado a una consciencia; por lo tanto, la idea es real, en cuanto es referida. Verneaux.   define la “fenomenología” como el esfuerzo de captar la esencia del objeto determinado:



Entendemos por fenomenología del conocimiento, como comúnmente se admite, no una descripción de los fenómenos tal como se presentan a una conciencia individual, lo que constituiría una simple psicología de la introspección, sino un esfuerzo para captar en los fenómenos concretos las esencias. (p. 101)


El dualismo entre el sujeto y el objeto es totalmente falso, ya que nunca puede existir el conocimiento solamente referido al sujeto solamente, o al objeto solamente. La consciencia siempre se presenta intencionada, no existe la consciencia vacía o la consciencia de la consciencia. Por otra parte el único objeto que interesa al conocimiento es el que “aparece ante un sujeto”. Una computadora en el desierto, es tan sólo una piedra.



domingo, 10 de enero de 2016

EL ORIGEN O LA FUENTE DEL CONOCIMIENTO VERDADERO





EL ORIGEN O LA FUENTE DEL CONOCIMIENTO VERDADERO


Gerardo Barbera





Cuando se comienza el tema acerca de la fuente de la cual  se origina el conocimiento verdadero, se trata de considerar  todos aquellos elementos que nos permiten adquirir los conocimientos verdaderos: ¿a través de qué?, ¿cuál es el vehículo?, o también, ¿cuáles herramientas utilizamos?.

Se supone, que quienes se plantean el problema del origen del conocimiento verdadero, ya han optado por la posibilidad de que éste sea alcanzado, se trata de aclarar a través de qué, o gracias a qué el hombre es capaz de adquirir el conocimiento verdadero.

En tal sentido, se han presentado a lo largo de la historia, por lo menos tres corrientes filosóficas que centran su posición, en cuanto al origen o fuente del conocimiento, polarizando   una dimensión del proceso cognitivo:  “El Racionalismo” que se centra solamente en la razón; “El Empirismo”, se centra solamente en la experiencia;  “El Criticismo”, que se centra en la relación entre la experiencia y la razón.






EL RACIONALISMO

Para el racionalismo, el conocimiento verdadero, solamente puede tener su origen en la razón. Barragán nos comenta”: Para el racionalismo, el conocimiento tiene su origen en la razón; la experiencia  no cuenta en la elaboración de nuestros conocimientos”, esto se debe a dos principios fundamentales: 1. En la razón podemos  elaborar conocimientos universales: los conceptos. De tal manera que  elaborar conceptos verdaderos sería el resultado de la ciencia. 2.  La experiencia, solamente nos puede dar conocimientos particulares, individuales, y eso no interesa a la verdadera ciencia.

En la opinión de Wahl Jean,  Parménides  podría ser considerado el fundador del racionalismo absoluto:

El primer gran dogmático de la razón fue Parménides. Según él, el Ser y el pensamiento del Ser son lo mismos. Y todo lo que no es Ser es el no-Ser, esto es, apariencia.
Según Parménides, decir y pensar son lo mismos y sólo podemos pensar cosas existentes. De aquí que todo aquello que se pueda hablar, es. Con estas palabras, echó Parménides los cimientos de todas las formas de racionalismo. La verdad, el Ser, el pensamiento se concibe como idéntico y como completamente afables. (p. 167)

El racionalismo parte, para llegar a sus conclusiones, de la experiencia de vida, de lo que realmente  nos ocurre a diario. La pregunta apunta hacia el conocimiento verdadero, y no al conocimiento en general.

Se trata de fundamentar la Verdad, basándose en una especie de división social; es decir, tal cual como son los hombres, en lo que al saber se trata, así mismo es el conocimiento. Existe un conocimiento “vulgar”, propios de los hombres vulgares, y existe un conocimiento “verdadero o científico”, Propios de los hombres sabios, o de los científicos.

Por lo tanto, en el racionalismo no existe un desconocimiento absurdo del valor de la experiencia. Claro, que los racionalistas admiten el poder de conocimiento que se posee a través de la experiencia; pero, lo reducen a lo “vulgar”: lo útil para existir, un conocimiento cotidiano, que en el campo del saber, se reduce a mera apariencia, que nunca pasa de ser una ilusión sensible, propia de la animalidad del ser humano, un engaño que el verdadero sabio debe superar a través de la razón, en donde realmente se encuentra el conocimiento universal, las leyes de la realidad objetiva, tal cual como es, y no  como creen los hombres incultos e iletrados,  quienes no son capaces de ver más allá de sus propias narices.

 Hessen Juan  reafirma estas ideas, al opinar al respecto:

La posición epistemológica que ve en el pensamiento, en la razón, la fuente principal del conocimiento humano, se llama racionalismo. Según él, un conocimiento sólo merece, en realidad, este nombre cuando es lógicamente necesario y universalmente válido. (p.57)


¿ Cuál es el argumento más fuerte que tiene el racionalismo en contra del conocimiento sensible? . Sencillamente que la experiencia siempre nos da un conocimiento particular, de algo  concreto, un conocimiento que no se puede generalizar, y que por lo tanto carece de valor científico. A través de los sentidos no puedo captar el concepto general de “perro”. Solamente me dan la imagen, y hasta medio difusa, de “canelo”, de “pulgoso”, etc. Pero a la ciencia le interesa saber, ¿qué es un perro?.

 El conocimiento verdadero por definición es universalmente válido, por lo tanto, se trata de construir conceptos universales, y esto no lo podemos encontrar a través de la experiencia sensible, sino en la misma naturaleza de la razón humana, la única fuente que nos permite la elaboración de conceptos.


Haciendo referencia a Leibnitz, Barragán  nos indica lo esencial del racionalismo:



Leibnitz por medio del método matemático aspira llegar a las verdades absolutas. Su deseo es que todo sea claro y demostrable por la razón. Las verdades de razón presentan necesidad y se refieren a las esencias de las cosas. Las conocemos con certeza y en forma a priori, tal como sucede con las verdades lógicas y matemáticas, que se rigen por el principio de identidad y de no-contradicción. Estas verdades nuca necesitan demostración. En cambio, las verdades de hecho son contingentes, se conocen por la experiencia, hacen referencia a la existencia de las cosas y requieren demostración para poder ser reducidas al primer principio. (p.46)


¿Cómo es posible que la razón pueda elaborar conceptos universales?. A este interrogante el racionalismo ha dado dos respuestas:  El Innatismo Absoluto, y el Innatismo Formal.

En el Innatismo Absoluto, se sostiene que el hombre al nacer, ya tiene en su mente todo los conceptos y todas las ideas. El mundo objetivo, la realidad, solamente sería la ocasión, la oportunidad, que el hombre tiene para recordar, o sacar a flote, las ideas que él ya tiene.

 Todo hombre nace con la idea, o el concepto de “perro”. “Canelo” es solamente la ocasión, la experiencia particular que se necesita para descubrir el concepto de perro que ya se trae al nacer y que es común a todos los hombres, de ahí su carácter de universalidad.

¿Cómo llegan las ideas a nuestra razón antes de nacer?

Solamente hay dos maneras: 1. “Alguien” las colocó ahí, puede ser Dios, o algún otro ser. 2. Las adquirimos antes, en otra vida, en otra parte. O tal vez se hayan heredado, al igual que el color de la piel.

En el innatismo formal se admite que los conocimientos concretos, las ideas y los conceptos que se dan en la razón se aprenden en esta vida, pero nacemos con “capacidades formales”, propias de la razón, que permiten captar los conceptos universales que se encuentran medio escondidos en los datos de la experiencia sensible.

En el acto del conocimiento, a través de los sentidos captamos una imagen vaga de los objetos, una masa sin forma determinada. Pero el hombre nace con capacidades mentales que le ayudan a descubrir la “esencia intelectual” que se oculta en esa masa, y  le damos forma, un tamaño, lo ordenamos, lo enumeramos, lo espaciamos, lo temporizamos; etc. Son características que los objetos poseen, pero que no se dan a través de la experiencia sensible, sino que las descubrimos, gracias a las “herramientas” conque nace la razón humana.

 Aunque en la actualidad esa confianza en la razón humana no es absoluta, se podría decir que  la fe en la capacidad de “guía existencial” de la razón lógica del hombre está en crisis, como lo afirma el profesor  Angel Orcajo :

Efectivamente, uno de los hechos más importantes y traumáticos que han ocurrido en esta transición a la Postmodernidad es que la razón subjetiva, que al mismo tiempo había sido considerada como una razón universal y que había llegado a ser entronizada como diosa dispensadora del bien y de la verdad, ahora ha sido desalojada y expulsada. La razón, el alma de la modernidad, ahora es tratada como intrusa y farsante. La racionalidad cartesiana es desautorizada, sobre todo, en nombre de su invencible  contaminación subjetiva y su parcialización. La razón ha muerto. A partir de ese momento quedan a la deriva, en consecuencia, todos los mundos normatizados por ella y que eran, prácticamente, todos. ¡La gran desbandada! De pronto la imagen del mundo, sus representaciones y valoraciones, comienzan a tambalearse, a diluirse, privados de los fundamentos racionales que la sustentaba. El oscurecimiento de la razón universal produce el oscurecimiento general. De ahora en adelante una razón modal, individual, estética y circunstancial, tendrá que ocupar el espacio reservado por siglos a la “razón sustancial”. Este es sólo tiempo de sospechas, ya no será más tiempo de verdades. (p. 18)





EL EMPIRISMO

 Los empiristas  están plenamente convencidos de que el origen de todos los conocimientos verdaderos se encuentra en la experiencia sensible. Y mantienen como dogma de fe: ”El hombre al nacer es una tabula rasa, todos sus conocimientos son fruto de la experiencia”. Al respecto Barragán  afirma:

El empirismo afirma que el origen de nuestros conocimientos no está en la razón sino en la experiencia. Todo contenido del pensamiento necesariamente ha tenido que pasar por los sentidos. Nuestra mente es un papel en blanco y sólo al contacto de los sentidos con las cosas empieza a grabar impresiones. (p.47)

La fuente del conocimiento verdadero se encuentra en la experiencia, en el contacto que se tiene con el mundo a través de los sentidos. Quienes piensan diferentes, se encuentra en un grave error. No hay nada más infantil, y poco serio, que pensar que nacemos con conocimientos ya elaborados.

Nuestra mente nace sin ningún contenido, totalmente en cero. Todo lo que sabe el hombre le viene de la experiencia, sin la cual, nunca podría existir el saber. Por lo tanto, todos los conocimientos, de cualquier tipo y naturaleza, tienen su origen en la experiencia.  Cosgrove  opina acerca de este aspecto del empirismo:


El empirismo enseñaba que uno podía conocer sólo aquello que discernible a los sentidos físicos. En efecto, algunos empiristas creían que si un concepto cualquiera no era accesible a los sentidos, no existía. En esta teoría esto era una negación de la existencia de toda la realidad no física, y se empezó a redefinir la realidad sólo mediante lo que podía medirse con los sentidos físicos o instrumentos. (p45)

Si  trajésemos los conocimientos al nacer, todos pensaríamos de la misma manera. Lo que demuestra, claramente, que no existen conocimientos  innatos, la vida empieza en cero.

Todo el conjunto de ideas que poseemos es aprendido, y esencialmente en contacto con el mundo, de donde viene la “materia” del conocer mediante la percepción y la sensación, si no existe el contacto, no hay conocimiento posible. Barragán   hablando de la importancia que tiene la experiencia para los empiristas, señala:


Supongamos que la mente es, como nosotros decimos, un papel en blanco, vacío de caracteres, sin ideas. ¿Cómo se llena? ¿de dónde procede el vasto acopio que la limita y activa la imaginación del hombre que ha grabado en ella con una variedad casi infinita? A esto respondo con una palabra: de la experiencia. En ella está fundado todo nuestro conocimiento y de ella se deriva todo en último término.        (p. 47)

Este conocimiento que se basa exclusivamente en la experiencia tiene dos caras, por una parte, la percepción y la sensación que se alcanza a través de los sentidos externos que nos ponen en contacto con el mundo externo. Y la otra cara está compuesta por los procesos internos, llevados a través de “los sentidos internos”, tales como la pasión, la reflexión, la duda, el placer, etc.

Cuando el individuo trabaja el conjunto de sensaciones que le vienen a través de los sentidos externos con las sensaciones producidas por los sentidos internos, produce ideas simples, que son las “unidades” de pensamiento y de cualquier aprendizaje. Luego, al combinar las ideas simples entre sí, se producen las ideas complejas. El autor del “El  Mundo de Sofía”, Gaarder Joestin habla del empirismo y la forma en que se concibe el proceso de la elaboración de las ideas:

Antes de captar algo con los sentidos, la conciencia está vacía y falta de contenido como la pizarra antes de entrar el profesor en clase. Locke también comparará la conciencia con una habitación sin amueblar. Pero luego empezamos a captar con los sentidos. Vemos el mundo a nuestro alrededor, saboreamos, olemos y oímos. Y nadie lo hace con más intensidad que los niños pequeños. De esta manera surgen lo que Locke llama “ideas simples de los sentidos”. Pero la conciencia no sólo recibe esas impresiones externas de un modo pasivo. Algo sucede también dentro de la conciencia. Las ideas simples de los sentidos son elaboradas mediante el pensamiento, el razonamiento, la fe y la duda. Así surge lo que Locke llama “ideas de reflexión”. Pues la conciencia no es siempre una receptora pasiva. Ordena y elabora todas las sensaciones que entran poco a poco en la conciencia. (p.317)


En el fondo, se toma como línea de vida el dicho: “Como Santo Tomás, ver para creer”. No hay nada en la mente, que antes no haya pasado por las manos. En el campo educativo,  el aprendizaje se comprende como el arte de proporcionar al alumno un conjunto de experiencias, previamente elaboradas, como si se tratase de una carrera de obstáculos, a tal punto que la inteligencia sería “la capacidad de solucionar problemas”, o de alcanzar los “Objetivos” de los diferentes programas.


EL CRITICISMO

Es la corriente filosófica que pretende encontrar un punto de equilibrio entre el racionalismo y el empirismo, rechazando el aspecto radical de ambas posturas que se descartan entre sí, y valorando el aspecto que cada una sostiene de sí misma. Hessen comenta este aspecto del criticismo:

El subjetivismo, el relativismo, el pragmatismo es, en el fondo, escepticismo. La antítesis de éste es, como hemos visto, el dogmatismo. Pero hay una tercera posición que resolvería la antítesis en una síntesis. Esta posición intermedia entre el dogmatismo y el escepticismo se llama criticismo.
El criticismo comparte con el dogmatismo la fundamental confianza en la razón humana. El criticismo está convencido de que es posible el conocimiento, de que hay una verdad. Pero mientras esta confianza induce al dogmatismo a aceptar despreocupadamente, por decirlo así, todas las afirmaciones de la razón humana y a no reconocer límites al poder del conocimiento humano, el criticismo, próximo en esto al escepticismo, une a la confianza en el conocimiento humano, en general, la desconfianza  hacia todo conocimiento determinado. El criticismo examina todas las afirmaciones de la razón humana y no acepta nada despreocupadamente. Dondequiera que  pregunta por el motivo y pide cuenta a la razón humana. Su conducta no es dogmática ni escéptica, sino reflexiva y crítica. Es un término medio entre la temeridad dogmática y la desesperación escéptica. (p. 47)


Sostiene que la razón es fuente del conocimiento, pero la experiencia también, por lo tanto, la verdad se encuentra en la combinación de ambos. Es imposible que el conocimiento pueda darse solamente gracia a la razón sin la experiencia, o a la experiencia sin la razón. La combinación de ambos elementos constituye la verdadera naturaleza del conocimiento humano.

La combinación de la experiencia y de la razón es necesaria para que los conocimientos particulares tengan las dos características principales: En primer lugar, que se refieran a algo  concreto, que posean un contenido material, esto se da gracias a la experiencia. En segundo lugar, que tengan validez universal, que no sea solamente un conocimiento que nace y mueren en el hecho particular, tiene que ser válido para los demás, esto se logra aportando al contenido material, que viene gracias a la experiencia, unas “formas” que posee la razón, que le son innatas, y gracias a las cuales, puede, por una parte,  descubrir las “formas” que poseen los objetos, y también, “dibujar” formalmente al objeto del conocimiento. El profesor García Bacca  nos aclara al respecto:

Así como en el orden sensible vivimos en un mundo artificial que nosotros nos hemos inventado, transformando mediante ciertas artes – de carpintero, zapatero, arquitecto... - las cosas naturales que en su estado natural no son de provecho, o de poco, parecidamente en el orden intelectual vivimos en un mundo de ideas que nosotros nos hemos fabricado, y con las que transformamos las cosas en sí mismas para que se nos presenten como mundo inteligible para el hombre.
A ese conjunto de instrumentos del hombre por los que transforma las cosas, las ordena para nosotros, las hace inteligibles para sí, se da el nombre de “formas a priori”. Y el conjunto de tales artes cognoscitivas constituye la Razón Pura, artífice superior al ordinario, transforma la materia sensible de manera que nos resulte inteligibles. (p. 26)


Todo hombre necesita el dato de la experiencia, a tal punto, que se afirma la tesis empirista: “Nada hay en la razón, que antes no haya pasado por las manos”. Una vez dado el momento de la experiencia, lo que el sujeto adquiere es un dato informe, como una masa sin forma, un material para trabajarlo, pero no un conocimiento ya acabado, de ser así, el conocimiento humano sería igual al de una gallina, simplemente condicionado completamente  por los sentidos.

Una vez que se tiene la “masa” comienza el segundo paso: dar forma al dato recibido. De esto se encarga la razón humana a través de sus atributos, que ha adquirido de forma innata, y que le son propias de su naturaleza, y gracia a esas cualidades de la razón, se alcanza el conocimiento humano.

Estas cualidades de la razón tienen dos aspectos, por una parte, poseen una “luz” especial, gracias a la cual, descubre la esencia en el objeto, aquello que lo hace igual a todos los objetos de su naturaleza, como quien dice, en  las “margaritas” que se tienen en el jardín de la casa, la mente tiene la capacidad de descubrir la “flor”, y “flor” es un concepto que está más allá que la margarita de mi jardín, eso que hace que mi margarita sea una flor y no una rosa, es la esencia que le da forma a mi margarita, y que la mente descubre, gracias a sus cualidades innatas.

Por otra parte, la mente no sólo descubre la esencia que esta en el objeto, sino que pinta ese dato, para convertirlo en un conocimiento humano. Las cosas realmente y sinceramente hablando no tienen tamaño, ¿grande?, ¿pequeño?, esto es relativo, por lo tanto un invento de la mente, o una condición sin la cual no puede conocer ; es decir, todo cuanto conocemos, tiene que darle un tamaño. Igual se puede decir de la cantidad, los objetos no son seis, dos, cuatro, uno, es nuestra mente que tiene que cuantificar lo que conoce. Así mismo con el orden, con la posición, con el sentido del tiempo.  Verneaux  nos amplía este argumento del criticismo:


La forma consiste en un cierto número de leyes que dependen de la naturaleza, de la constitución del sujeto. La forma es a priori, es decir, independientemente de la experiencia. Rige la conciencia, pues es evidente que no podemos conocer nada sino es según las leyes de nuestro espíritu. Poco importa el detalle. Al nivel de la sensibilidad, hay dos “formas a priori”, el espacio y el tiempo; al nivel del entendimiento hay “doce categorías”; al nivel de la razón, tres ideas. La materia, el contenido del conocimiento es, por el contrario, a posteriori y nos es dada a través de la experiencia sensible. Es tan necesaria como la forma, pues sin ella el conocimiento sería vacío y no tendríamos nada que conocer. Pero en definitiva gana el racionalismo, pues es la forma la que constituye los objetos. La sensibilidad por sí sola, solamente nos da impresiones subjetivas, sin orden, ni lazos, sin unidad. El espíritu es el que organiza los datos brutos de la sensibilidad según sus propias leyes a priori, construye con sus impresiones objetos definidos, situados en el espacio y en el tiempo, relacionados los unos con los otros por leyes, y son a la vez reales e inteligibles. (p.56)


El criticismo radical, representado por Enmanuel Kant, afirma que tanto el Tiempo como el Espacio son condiciones formales del conocimiento, que no existen en la realidad, sino en la mente. Lo que pasa es que por naturaleza, solamente podemos conocer un objeto si lo colocamos en un espacio determinado y lo temporizamos según un antes y un después; a tal punto, que no podemos definir claramente lo que se entiende por el Espacio y por el Tiempo, prueba de su no-existencia en el mundo exterior, son condiciones que nuestra mente  utiliza para conocer el mundo externo.

Actualmente el criticismo es manifestado por la corriente del “Desarrollo de la Inteligencia”, que afirma que nadie nace inteligente ni bruto, sino que la inteligencia se puede desarrollar si se ejercitan las cualidades “innatas” de la mente, que permiten el conocimiento, tales como: La Observación, La Clasificación, La Comparación, El Análisis, La Ordenación, etc.




jueves, 7 de enero de 2016

LA POSIBILIDAD DEL CONOCIMIENTO VERDADERO





   LA POSIBILIDAD DEL CONOCIMIENTO VERDADERO


Gerardo Barbera






Para introducirnos en el problema  que se plantea, tendremos que describir los tres elementos esenciales que se dan en cualquier acto de conocimiento, a saber: sujeto (quien conoce), el objeto (lo conocido), la “imagen” (“neoma”, o representación mental del objeto).

Nadie niega la posibilidad del conocimiento, en cuanto que éste se manifiesta  como una relación entre el sujeto y su medio, en donde el sujeto es consciente de   esa relación, en cuanto se da cuenta de que conoce. El conocimiento es un hecho cotidiano.

Pero, cuando se comienza a analizar el acto de conocimiento con una actitud crítica, comienzan a surgir los problemas. Dado que el hombre no puede meter el objeto dentro de su cerebro, sino que lo conoce de manera indirecta a través de su representación mental, surge el primer problema: ¿Es la imagen mental una copia fiel del objeto que está fuera de la mente?, ¿Es sólo una mala copia? No lo sé. Veamos que dicen las diferentes corrientes filosóficas al respecto.


A.   EL DOGMATISMO

La postura de los llamados dogmáticos es la más natural, en el sentido de que es la que la mayoría acepta, aún sin jamás haberse planteado ningún problema acerca del conocimiento. Es la postura de aquellos que no se enredan la vida, que asumen lo que tienen sin mayor dificultad, ¿qué es lo que nos dice la experiencia diaria? : el conocimiento verdadero es posible y punto. Eso es un hecho y por lo tanto no se somete a discusión. Hessen  define claramente lo que se ha entendido a lo largo de la historia de la epistemología como dogmatismo:

Entendemos por dogmatismo aquella posición epistemológica para la cual no existe todavía el problema del conocimiento. El dogmatismo da por supuesta la posibilidad y la realidad del contacto entre el sujeto y el objeto. Es para él comprensible de suyo que el sujeto, la conciencia cognoscente, aprehende su objeto. Esta posición se sustenta en una confianza en la razón humana, todavía no debilitada por ninguna duda. (p. 34)


Se supone que la mente humana es capaz, de manera natural, de captar el objeto tal cual como es. No hay mayor locura, y pérdida de tiempo, en imaginar la remota posibilidad de que las cosas no sean  tal cual como las vemos,  sería el colmo de la estupidez, pensar que es imposible observar directamente el objeto.
Y el premio Nobel de la irracionalidad se lo llevaría aquellos que afirman que el hombre no puede mirar para afuera, sino que siempre mira hacia adentro, cuando todos sabemos, gracias a la experiencia y al sentido común, que es todo lo contrario, siempre miramos hacia fuera para captar a los objetos, y lo que sería imposible, en tal caso es mirar para adentro.

Así como el hombre tiene la capacidad de caminar, de respirar, de comer, de reproducirse... de la misma manera tiene la capacidad natural de captar el objeto en el acto del conocimiento, tal cual como es en sí mismo. Hartmann Nicolai describe este aspecto del dogmatismo, llamándolo “realismo ingenuo”:

Según  el realismo ingenuo, el hombre está rodeado de un mundo de realidad de cosas, en cuyo seno nació y en el cual vive y muere, un mundo que, por lo tanto, existe independientemente de él y se comporta indiferente con respecto a su existir y a su conocer. El hombre conoce ese mundo por medio de los órganos de los sentidos; su reflexión sobre él es una adaptación a él. Todo su aprender y querer entender las cosas y acaecimiento cae bajo su punto de vista. El conocimiento tiene la tendencia a ser una copia fiel de lo real. (p. 163)

 Sería absurdo preguntarnos si realmente el caminar es posible, o si realmente lo que comemos es comida, o si es cierto que tenemos la capacidad de calmar la sed con agua, o si tenemos la capacidad de reproducirnos, en ese mismo orden de ideas, no resulta menos absurdo, preguntarse  acerca de la posibilidad de la mente humana de captar la imagen exacta del objeto. Si esto no fuese posible seríamos  “ciegos eternamente”, y como la experiencia nos dice que no es así, entonces la representación mental corresponde al objeto.

Desde el dogmatismo, la capacidad que el sujeto tiene de captar fielmente al objeto no se cuestiona, y por lo tanto, no es ningún problema. Alejandro Moreno, es claro al respecto, y extiende el dogmatismo al mismo conocimiento científico:

Explícita e implícitamente nuestra ciencia se ha construido sobre el supuesto, en último término aristotélico, de que entre la realidad exterior y nuestro intelecto se da, más que una correspondencia, una equivalencia adecuada que permite atribuirle objetividad a nuestro conocimiento. (p.26)

 La cuestión del conocer, o de la ciencia, el acto de buscar la verdad, tiene que ver es con la naturaleza del objeto conocido. Si tenemos el don del conocimiento exacto del objeto, hay que aprovecharlo al máximo, conociendo, de la manera más natural, todo lo que podamos del Universo, se trata de averiguar, investigar, analizar todo cuanto se pueda a favor de la humanidad, sin perder tiempo en otras cosas realmente sin sentido.

La pregunta fundamental es: ¿Cómo es la realidad?. No se trata de averiguar si es posible conocer el agua, o si la representación mental del agua corresponde al agua que se ve en el exterior, eso nos llevaría a morir de sed, de lo que se trata es de utilizar el agua lo mejor que podamos.

(B)        EL ESCEPTICISMO

 Los escépticos son aquellos que toman el camino totalmente en sentido contrario al de los dogmáticos. Simplemente es imposible que el sujeto pueda conocer el objeto tal cual como es, ya que para eso tendría que meter al objeto del conocimiento dentro del cerebro, cosa que no puede hacer, sin causarse la muerte. Hessen nos habla de Pirrón como el fundador de esta filosofía:

El escepticismo se encuentra ante todo en la Antigüedad. Su fundador es Pirrón de Elis (360-270). Según él, no se llega a un contacto del sujeto y del objeto. A la consciencia cognocente le es imposible aprehender su objeto. No hay conocimiento. (p.37)

La representación mental del objeto, la imagen, no es, ni podrá ser jamás  la fotografía fiel y completa de la realidad objetiva. La razón de esta afirmación es muy sencilla, la percepción es el acto  de recibir, en donde el sujeto es pasivo. Con lo que recibe, los estímulos, se elabora una representación mental, que es aquello de lo que la mente toma conciencia. Por lo tanto, no se ve  nunca al objeto, sino a su imagen interna, el cerebro no se asoma por los ojos, sino que recibe y elabora una imagen. Verneaux, en su “Teoría del Conocimiento”, presenta a la conciencia, como  “el teatro” en donde ocurre el conocimiento:

 La conciencia es la condición de todo conocimiento, es el teatro donde todo aparece. Es pues imposible saber lo que son las cosas independientemente de su aparición en la conciencia. Fuera de la conciencia no existe para nosotros. (p.74)

Partiendo del hecho  de que el hombre solamente tiene conciencia directa de la representación interna del objeto, quedaría establecido, que la única posibilidad de que el objeto sea captado tal cual como es en la realidad externa, dependerá de la “calidad” de los sentidos en captar fielmente al objeto, de tal manera, que la fotografía final fuese exacta. ¿Pero qué dice la experiencia?

Los escépticos también parten de la experiencia que le brinda a diario la vida, pero fijan su atención en el aspecto negativo, muchas veces los sentidos nos engañan, y esta experiencia es suficiente para dudar eternamente de la “calidad” de los sentidos. De tal manera, que lo “natural” no es la capacidad de conocer la verdad, sino la capacidad de equivocarnos, gracias a la mala calidad, demostrada a lo largo de la vida, de  los sentidos. Los sentidos son una especie de filtros, que no reproducen fielmente el objeto captado, por el contrario, originan la producción de una imagen distorsionada.


Si el hombre tuviese la capacidad natural de captar la realidad tal cual como es en sí, entonces todos tendríamos la misma opinión, y todos veríamos la realidad de la misma manera, no tendría porque existir diferencias en el campo del conocimiento, ya que el objeto es el mismo para todos, y la capacidad natural de captarlo fielmente sería la misma en todos los hombres, como son todas las otras capacidades naturales.

 Por lo tanto, no se podría explicar, lo que sí es natural, la gran inmensidad de diferencia en cuanto al conocimiento de la realidad. No hay cosa en la vida, en la que el  hombre tenga tanta diferencia con sus semejantes, como en el campo del conocer, de la ciencia, y de la sabiduría en general.

¿A qué se debe tanta diferencia?. Sencillo, todos los hombres son diferentes, y las situaciones y condiciones del conocimiento, también suelen presentarse diferentes.

El conocimiento, que comienza con el acto de la percepción, depende en su primer momento de la “calidad” de los sentidos; es decir, de la condición biológica en que se encuentran los órganos receptores. Y como estas condiciones de los órganos receptores, suelen ser diferentes en cada individuo, la percepción serán diferentes.



Por otra parte, en el proceso del conocimiento, no solamente influyen las diferencia en cuanto a la calidad de los sentidos, además están presentes las condiciones en que se da el conocimiento; que realmente son tantas, que se hace casi imposible determinarlas: la salud del sujeto, la emotividad, la distancia entre el sujeto y el objeto, el tamaño del objeto, el momento histórico, la cultura social, el nivel cultural del sujeto, el tiempo dedicado; y así, una cadena interminable de posibles condiciones. Y la diferencia en una condición, o en un conjunto de ellas, puede determinar la diferencia que se dan en el acto de conocer un mismo objeto entre dos o más sujetos.

Por lo tanto, es imposible ser objetivos, ya que el conocimiento del objeto siempre estará condicionado, y se dará de manera distorsionada. La imagen siempre será una mala copia, y esto es natural en el hombre, y es todo con lo que cuenta, lo demás es ilusión. Huber comenta, que en este sentido, no existe en el escepticismo una teoría del conocimiento, sino la negación de cualquier teoría:

En cierto sentido el escepticismo no tiene ninguna tesis, sino que niega todas las tesis. El escepticismo niega la posibilidad del saber humano y afirma que no existe un conocimiento humano cierto. (p. 31)

¿Se trata de renunciar a cualquier intento de alcanzar la sabiduría?


La verdadera sabiduría comienza por dudar de la supuesta capacidad que tiene el hombre de alcanzar la verdad absoluta de manera natural y espontánea.

El hombre sabio nunca se coloca como meta alcanzar la verdad, ya que esto es imposible de hecho. Y este punto de partida se convierte en una forma de vida que consiste en no aceptar jamás nada como una verdad absoluta; cuando mucho, como una simple opinión, tan válida como cualquier otra que pueda surgir.

Y según Hartman, esta tesis del escepticismo tiene fundamentos lógicos en la naturaleza misma que le otorgan a la conciencia humana:

El escepticismo antiguo nos proporcionó el desarrollo  el desarrollo clásico de la aporía del criterio. Sólo hay dos casos: un criterio puede estar solamente en l a conciencia o fuera de ella. Si está en la conciencia, no puede indicar la coincidencia con un objeto trascendental, sino a lo sumo con una estructura inmanente; puede, asimismo, no estar en la conciencia. Pero si el criterio está fuera de la conciencia, es tan transcendente a ésta como el objeto mismo y, por consiguiente, será preciso que de algún modo pudiera alcanzarse conocerse, y, de conocerse, necesitaría a su vez un criterio de verdad; por consiguiente, el criterio no puede estar fuera de la conciencia. La consecuencia es: no puede haber absolutamente ningún criterio de verdad. (p.  90)



No se trata de navegar según el viento que sopla, o al ritmo de la canción de moda, ya que cualquier “viento” o cualquier “moda”, siempre se presentan como verdades absolutas de turno, se trata de vivir conscientes de que  el viento y la moda del día son simples opiniones.

Las opiniones que van surgiendo en la vida, las verdades que se presentan son útiles para convivir, pero ninguna de ellas vale la pena, como para dedicarles el sentido de la vida. Colin Wilson, compara el conocimiento humano con el de los animales, por lo menos en cuanto la posibilidad de obtener verdades objetivas:


Sin embargo, podemos imaginar algún ser diminuto y ciego, una especie de gusano, que está convencido de que el mundo consiste en superficies y que ni  siquiera puede imaginar lo que queremos decir cuando hablamos de altura. Por más que ofenda a la dignidad humana, tenemos que reconocer que, en lo que se refiere al conocimiento, somos unos seres ciegos, parecidos a gusanos... (p. 25)

Por una parte, se trata de rechazar cualquier pretensión de verdad absoluta, no aceptar ningún dogma, ya que esto contradice la misma naturaleza del conocimiento humano. El hombre más infeliz sería aquel que dedica su vida a la defensa de las supuestas verdades absolutas.  Hay que vivir y aceptar lo verdaderamente natural: Las opiniones. No despreciar la diversidad, sino encontrar en ella el verdadero tesoro del conocimiento humano.
Se pasa del hecho de la imposibilidad de obtener representaciones mentales fieles del objeto del conocimiento, a una actitud de vida, que encuentra en esta misma imposibilidad el secreto de la sabiduría. Si la verdad es imposible, entonces no puede convertirse en la meta de la vida, solamente la duda, nunca superada, se convierte en punto de partida y en lugar de llegada de todo el saber humano. Vernaux afirma, que en sus orígenes, el escepticismo fue una forma de vida:


El escepticismo griego presenta cuatro formas principales. La forma extrema, heroica, se encuentra en Pirrón, intentó vivir un escepticismo absoluto. Su divisa era “no más”, o “no más bien”, en el sentido de no más sí que no, “no más bien esto que lo otro”. No creer nada, abstenerse de juzgar, desconfiar incluso de las impresiones sensibles, vivir en una incompleta indiferencia, atanaxia o apatía, esta era la sabiduría de Pirrón.  Su fin era, pues, “despojar al hombre”, es decir, despojarse de su humanidad. (p.32)

El escéptico es aquel que vive convencido de que la verdad no está hecha para el hombre y asume las consecuencias de este hecho. Admiten su contradicción lógica: “Si no se puede conocer la verdad, por lo menos esa afirmación es verdad, lo cual es una contradicción”. Cierto, lo que demuestra no la existencia de la verdad, sino que aún en la mente, en el mundo lógico, existen las contradicciones.



C.  EL RELATIVISMO Y EL SUBJETIVISMO

Para aquellos que defienden esta posición, el conocimiento verdadero es posible, de hecho se da, y eso se experimenta en la vida diaria. No podríamos existir y sobrevivir si siempre estamos dudando; menos se puede dudar de nuestra capacidad natural de conocer al objeto tal cual como es.

El problema no se encuentra en la capacidad individual que posee el hombre de conocer objetivamente el mundo que le rodea, el problema consiste en poder comunicar su experiencia, y en saber exactamente qué es lo que el otro conoce realmente.

Es decir, el hombre en particular puede captar la verdad. Pero no se trata de una verdad válida para todos los hombres, siempre será “su verdad”, dada las diferencias entre las personas, y las diferentes condiciones en que se da el acto del conocimiento. Y lo que es peor, es imposible convertir la propia representación mental en algo “objetivo” para ser captado “objetivamente” por el otro, y si así fuese, no hubiese manera de saber cómo fue captado mentalmente por el otro, ya que el otro tendría que presentar objetivamente mi  “representación objetivada”, y así hasta el infinito, lo que demuestra que la verdad que es captada individualmente es totalmente incomunicable.

 En su “Historia de la Filosofía”, el profesor Guillermo Fraile, aclara este aspecto del relativismo proclamado por Protágoras:


Protágoras afirma que no habiendo nada estable y percibiendo cada uno la realidad a su manera, no hay una “verdad” universal, sino tantas verdades como individuos. Cada uno es la norma de su verdad. Todas las apariencias son verdaderas. Lo que es verdad para uno no lo es para otro. Las cosa ni son ni no son, puesto que están en perpetuo cambio. Solamente son verdad en cuanto nos aparecen, y su verdad consiste en cómo nos aparecen. A su obra “Sobre la Verdad” pertenecía la famosa frase: El hombre es la medida de todas las cosas, de las que son en cuanto son y de las que no son en cuanto que no son”  (p.230)


Lo que quiere decir, que la opinión personal no es necesariamente una ilusión, o una mentira, sino una verdad personal, que nace y muere en cada sujeto. Así de simple. Es reconocer en la opinión personal, no el aspecto de mentira, sino la calidad de verdad de su proceso interno. La verdad es posible, pero siempre será individual

Si mi representación de la realidad es distorsionada, ¿quién me lo asegura?, ¿cómo puede saber alguien si mi representación es falsa? : Solamente alguien que pretenda tener la verdad absoluta en cuanto a la naturaleza del conocimiento humano, lo que sería un dogma. . En  el texto “¡Mira! ¡Escucha! Y Contáctate con la P.N.L.”, la profesora Maritza Carpio, hablando de la naturaleza de la experiencia humana, comenta:

Nuestra experiencia del mundo varía como resultado del funcionamiento de nuestro sistema nervioso, ya que éste sistemáticamente distorsiona y borra trozos enteros del mundo real (p.76)


Lo coherente es dejar a cada cual con su verdad. El conocimiento es un proceso personal y cada hombre es dueño de su objetividad, nadie puede juzgar la validez de su conocimiento. Es totalmente incoherente afirmar que no se puede conocer fielmente al objeto, y luego juzgar “objetivamente” la validez del conocimiento de los demás. Si no se puede afirmar nada verdadero de un objeto de conocimiento que es común a todos, menos podríamos afirmar o negar en cuanto a la validez de la representación mental  individual de ese objeto. Solamente la persona en solitario puede ser su propio juez, y si él está convencido de que su conocimiento es verdadero, ¿quién lo puede contradecir?. ¿De dónde puede otra persona sacar razones para afirmar que el conocimiento de un sujeto, por muy condicionado que se dé es falso? : De su opinión. Por lo tanto, o es falsa su opinión, o es un dogmático. 

El hombre puede, por lo menos, afirmar con toda propiedad su propia verdad, o como dijo Protágoras: “El hombre es medida de todas las cosas, de las que son, en cuanto son, y de las que no son, en cuanto que no son”. La opinión personal no es la imposibilidad de alcanzar el conocimiento verdadero, sino la afirmación de que cada cual es capaz de alcanzar su propia verdad, hasta que se demuestre lo contrario. Y como los demás no pueden penetrar mi mundo interno, ni yo, en el mundo de los demás, resulta que mi conocimiento es verdadero por lo menos para mí, y así el de cada cual.

En este sentido, se cumple aquello de que: “Cada cabeza es un mundo”, pero de verdades. La profesora Maritza Carpio, en la obra ya citada, nos habla acerca de la importancia y límites  de los “modelos o mapas mentales” de cada persona, como un ente aislado:

¿Cómo percibimos el mundo y las opciones que tenemos para vivir en él? El mapa o modelo constituye el instrumento para encontrar más fácilmente el camino por el mundo. Es creado por nosotros sobre la base de nuestras experiencias. Por eso es que cada cual tiene un modelo diferente del mundo y vive una realidad un tanto diferente. Los modelos creados por cada individuo son diferentes y esto es consecuencia de varios limitantes, entre ellos los sociales, individuales y neurológicos. (p. 75)

¿En qué consiste, entonces, el saber?


En el convivir social, se dan tantas verdades como individuos. El verdadero sabio es aquel que logra convencer a los demás de que su verdad es válida para todos. El conocimiento se convierte en el arte de convencer.

En el fondo, los grandes sistemas filosóficos y religiosos que defienden un conjunto de dogmas se han formado en torno a las enseñanzas de grandes maestros, dueños absolutos de la Verdad. Los grandes hombres de la humanidad han sabido transmitir sus verdades a los demás. La verdad individual puede ser convertida en una verdad de muchos, y esa ha sido la historia de la humanidad.  La verdad absoluta y universal no existe, lo que siempre ha ocurrido es que una verdad individual fue aceptada por un grupo social, perteneciente a una cultura determinada.

Lo que quiere decir, que aún las grandes organizaciones religiosas, filosóficas, y científicas, que creen en su verdad absoluta, deben tomar conciencia del hecho de que esa verdad de “ellos”, no es más que la prolongación de una conciencia individual, o de una verdad particular. O como afirma el profesor Alberto Rosales, en la Revista  “Apuntes Filosóficos”:

Sobre la base del giro moderno hacia el hombre como sujeto, en el siglo XVIII se produce un nuevo movimiento, que impera hasta nuestros días, hacia ese sujeto en tanto ente meramente sensible. De acuerdo con él, se ha descubierto que el sujeto humano está sometido al influjo de múltiples condiciones: la educación, el tipo psíquico, la constitución corporal, el pueblo o la raza, la cultura y la tradición, la época histórica, el subconsciente, etc. Ese descubrimiento ha conducido frecuentemente a la tesis de que el hombre todo, así pues su pensar y querer, está “determinado” por esas condiciones. En lo que respecta al pensar, esa nueva tesis determinista significa que lo pensado, el contenido de los conceptos y las enunciaciones es un efecto de esas condiciones en tanto “causas eficientes”. Una vez que se ha llegado a esa posición, no es raro inferir de la manera siguiente: si los pensamientos de un ser humano están determinados por su cultura, ellos no pueden ser verdaderos sino para él, y tal vez para quienes se encuentren en sus mismas circunstancias (p.160)


La prueba mayor de este hecho, está que entre los miembros de una misma organización existen diferentes interpretaciones y vivencias de sus dogmas, lo cual reafirma, que la verdad siempre es personal, aunque se pretenda lo contrario.

D.     EL PRAGMATISMO

De principio afirman la posibilidad del conocimiento como un hecho vital y cotidiano, no hace falta prestarle mayor atención al problema de la relación entre la representación mental y el objeto, por ser algo inútil, la propia pérdida de tiempo, y además, casi nunca se llega a una conclusión convincente del todo, por lo tanto, lo mejor  es obviar el problema y seguir con el siguiente capítulo, así sin más.

Los problemas teóricos en torno al conocimiento son para los ociosos, para aquellas personas que no tienen nada importante que hacer, o que piensan encontrar el conocimiento verdadero dentro de sus propias cabezas, lo que al final resulta como buscar en sus propios sueños. David García Bacca  haciendo referencia al paradigma de dominación del Imperio Romano, afirma:

 El romano que se vio simbolizado en el águila, que no halló otro animal que mejor le sirviera de mascota, dijo que el conocer tiene que ser y terminar en acción que capte, que se posesione del objeto conocido.
Sólo cuando una idea se convierte así en acción, dé efectos reales, será verdadera. (p.37)


De tal manera, que los  sabios  y científicos viven soñando despiertos, considerando  sus resultados como fruto de la verdadera ciencia. Y eso es precisamente lo que hacen los filósofos: Jugar a las cartas con sus ideas, la barajan de un lado para otro, sin grandes resultados. Además, de qué vale escudriñar en un mundo de ideas, si el verdadero reto, y lo que vale la pena, está del otro lado de la mente: la realidad objetiva.

Es ahí donde se puede encontrar  el paraíso y todo cuanto la humanidad necesita para ser feliz.


 El origen del pragmatismo como un sistema moderno del pensar filosófico nos lo presenta Hessen Juan (1925:44): “como verdadero fundador del pragmatismo se considera al filósofo americano William James (1842-1910) del cual procede también el nombre de “pragmatismo”.

El hombre es, sobretodo, un ser práctico, llamado a la transformación del mundo, esa es su verdadera vocación, y es realmente, la única tarea que vale la pena.

La misma reflexión teórica tiene que dirigirse hacia lo externo, tiene que encontrar su finalidad en una acción concreta, sino es inútil, o un conjunto de ideas muertas, abortadas y sin vidas. Verneaux Roger  hace referencia a las ideas William James:


W.James, en su obra titulada “pragmatismo”, sólo considera indudables los hechos de experiencia. Su teoría concierne a las ideas que rebasan la experiencia inmediata. Su verdad, dice, consiste únicamente en su valor práctico. Es verdadero lo que favorece la acción, lo que procura una expansión de la personalidad. En una palabra, la verdad se define por el éxito. (p.120)




De aquí se establece, que el criterio de la verdad se encuentra en la utilidad del pensamiento, o del conocimiento. Se considera como verdadero, aquel conocimiento que “sirve”, lo que no sirve, ni siquiera importa si es verdadero o no.

 Lo importante para el hombre de ciencia es la producción de ideas útiles, que terminen en la producción de bienes sociales, que generalmente, se convierten en “inventos” o en “técnicas”, en “cosas que mejoran la vida”, de no ser así, no vale la pena preocuparse por conocer. Barragán Linares  refuerza estas ideas:


El pragmatismo afirma la posibilidad del conocimiento.
 Mas el conocimiento queda subordinado a la acción, la que se convierte en fundamento de la verdad y la certeza.

El hombre antes de ser teórico, es un ser práctico, de ahí que todo el valor del conocimiento sea sobre la base de la acción. (p.37)


 De tal manera, que la realidad, el mundo, se convierte  en un reto constante para el hombre de ciencia, quien descubre, en esa realidad, un universo infinito de posibilidades, de potencialidades, que le llaman a la tarea de transformar ese universo para el bien de toda la humanidad.


 Entonces, para qué perder el tiempo reflexionando sobre problemas que ni siquiera tienen la menor incidencia sobre el mundo que nos rodea. ¿Qué le importa al Universo si coincide o no con nuestras ideas? Según Hessen J.   el pragmatismo  concibe al hombre como esencialmente pragmático:

El pragmatismo modifica el concepto de verdad, porque parte de una determinada concepción del ser humano. Según él, el hombre no es en primer término un ser teórico o pensante, sino un ser práctico, un ser de voluntad y de acción. El intelecto es dado al hombre, no para investigar y conocer la verdad, sino para poder orientarse en la realidad. El conocimiento humano recibe su sentido y su valor de su destino práctico. Su verdad consiste en la congruencia de los  pensamientos con los fines prácticos del hombre, en que aquellos resulten útiles y provechosos para la conducta práctica de éste. (p.44)

Cuando se observa a través del espejo retrovisor en plena carretera, y se capta la cercanía de un camión, no se cuestiona la capacidad que tiene el cristal para captar la realidad exacta de la fulana camión. Lo que realmente importa del espejo retrovisor es su utilidad, más que su fidelidad cognitiva. Si la imagen que captamos a través del espejo retrovisor sirve para advertir la cercanía de un peligro, y la necesidad de cambiar de rumbo, con eso basta y sobra, y es en esa utilidad que nos salva de un accidente donde se encuentra la verdad.
Lo lógico sería luchar siempre por encontrar lo útil, todo lo inútil es basura, un estorbo, sin importar si es verdad o no en el mundo de las ideas.