sábado, 26 de diciembre de 2015

DE LA LÓGICA A LA ONTOLOGÍA



5. De la Lógica a la Ontología
Gerardo Barbera


 La carencia de planteamientos propiamente ontológicos y metafísicos, ha sido el límite y lo propio del pensamiento occidental. Casi nunca se ha planteado el problema del Ser en sí, tal cual como es. Generalmente se ha identificado la Lógica con la Ontología, identificando las leyes del pensamiento lógico con las del ser.
 Más que abarcar el ser en cuanto ser, se le ha reducido a nuestra imaginación. Lo que se tiene en la mente se ha considerado como lo propio de la ontología, haciendo la más extraña reducción  del ser a lo pensado.
 Por otra parte, algunos en nombre de la objetividad, han reducido lo ontológico a una lectura de lo observado, lo que es una nueva forma de entender la interpretación, la lectura, por el ser. De tal forma que el ser en sí, lo ontológico, se reduce al fenómeno y en algunos casos a la extensión como medida. De tal manera, que la verdadera ontología es un tema inmaculado en nuestra cultura occidental.
Ahora bien, sin una adecuada concepción ontológica, que se haya preocupado por el ser en sí, y no por el deber ser del ser, se hace imposible hablar propiamente de Metafísica, de Antropología, de Etica, o de cualquier otro tema de la Filosofía, distinta a la Filosofía propia de la diosa razón, cuya intencionalidad esencial es de dominio, aún desde la suplantación de la Ontología por la Lógica.
Ahora bien, si la ontología no ha sido realmente tratada adecuadamente en la filosofía occidental, nuestra cultura filosófica carece de bases sólidas, y lo único que realmente se encuentra bajo sus pretensiones ontológicas ha sido la intencionalidad de dominio, es precisamente, este elemento de dominio, la herencia más auténtica de nuestra cultura.




miércoles, 23 de diciembre de 2015

IMPORTANCIA DE LA FILOSOFÍA



IMPORTANCIA DE LA FILOSOFÍA
 Gerardo Barbera



Reflexionar acerca de la importancia de la Filosofía, dentro de una sociedad sumergida hasta el alma en el Pragmatismo más crudo que se haya vivido a lo largo de la historia de la humanidad, puede resultar un esfuerzo que probablemente carezca de significado , el recuerdo insignificante de  un momento de la vida universitaria, donde un profesor del montón habló de una asignatura del Pensum de estudio, referente a cosas extrañas y ajenas a la vida  real, no sólo de los estudiantes, sino de  la casi  totalidad del profesorado; tal vez, ajena y extraña de la vida concreta de los mismos profesores del Departamento de Filosofía, quienes muchas veces  reducimos la Filosofía a la utilidad que nos produce. Nosotros tendríamos que ser los primeros en hacernos la pregunta sobre la importancia de la Filosofía, pero, en el “Pensum de la vida misma”.
Actualmente, el Pragmatismo conforma el paradigma valorativo desde el cual se interpreta toda la realidad, y todas las relaciones interpersonales. La capacidad de utilidad determina de manera fulminante el valor de todo cuanto nos rodea. No se trata de algo personal, nuestra sociedad es así. Y nosotros somos parte de esta sociedad. Cuando hacemos contacto con cualquier persona, o con cualquier objeto, lo primero que nos preocupa es saber para qué sirve, y de ahí calculamos su importancia. Si la pareja “no sirve”, no tiene valor, y no vale la pena seguir atado a una persona que “no sirve”. Si el anciano “no sirve”, ya no tiene nada que hacer en este mundo. Lo que no sirve se desecha. Hasta la fe religiosa tiene que servir para algo, si Dos “no sirve”, estorba. Si la fe no me da “la paz”, o “la tranquilidad”, o el placer de sentirme “salvo”, no sirve, luego, es inútil.
Lo más fuerte del Pragmatismo consiste en el poder de su lógica interna :”Lo que sirve tiene valor, lo que no sirve no tiene valor”. Y en honor a la verdad, parece lo más lógico del mundo. No tiene  sentido querer lo que no sirve...sería ilógico.
Se trata ahora de indicar  los criterios según los cuales el Pragmatismo determina lo que “sirve”, y descarta  lo que “no sirve”. En primer  lugar cabe señalar el bienestar económico que produce lo que se valora; es decir, si produce dinero, sirve, y es altamente valioso. Y lo que no produce ganancias económicas, carece de valor. No tiene sentido dedicar la vida a una  profesión que no produce ganancias económicas suficientes. El valor de cualquier profesión se mide por la ganancia económica que proporciona.
 Por otra parte, se puede mencionar el placer como criterio de valor. Lo que produce placer, en todos los sentidos posibles del término, sirve, y por lo tanto vale. De tal manera, que la vida se convierte en una cadena de momentos y situaciones placenteras, al extremo de que la existencia sin problemas, “vivir en paz”, sin molestias, como quien tiene sueño y desea dormir lo más cómodamente posible, para despertar con suficiente energía para gozar de la vida, se hace el deseo vital más profundo . La vejez se convierte en el temor supremo, como el fin de las posibilidades de una vida gozosamente sensual. Es preferible la muerte a la vejez... Sin placer, la vida no sirve y se convierte en el mayor de los absurdos, en el verdadero infierno.
En cuanto a las relaciones, se impone el dominio, ser el mejor, “más que el otro”, estar por encima de mis rivales. Todo lo que me dé más poder, sirve. La vida se convierte en una competencia sin cuartel, donde lo más importante es dominar y no ser dominado. Todos luchan por el éxito, no importa quien muera en el camino.
El Dinero, el Placer y el Poder, son realmente los criterios que el Pragmatismo impone como fundamento de valor. Todo cuanto existe gira en torno al Tener, al Placer y al Poder, elementos que componen la moderna “Divina Trinidad”, centro de adoración de todos los seguidores del Pragmatismo radical, la  religión de la Nueva Era.
Dentro de este paradigma, el Conocimiento en general se concibe como un “medio”, una especie de escalera que nos lleva a conseguir las promesas del placer, del tener y del poder, se estudia y se investiga por razones pragmáticas. De hecho, un conocimiento que no tenga aplicabilidad inmediata, utilidad en el hacer, que no “resuelva algún problema”... no sirve...y si  alguna asignatura académica no resuelve algún problema, lo coherente es eliminarla del Pensum...si no resuelve ningún problema, si no concluye en una destreza aplicable, si no mejora alguna conducta observable, realmente es lo más inútil que pueda existir. Y dentro del campo de la Profesión Docente lo que abunda son los promotores y defensores de Pragmatismo a su más elevada expresión.
Los adoradores del Pragmatismo, en nombre de  “las necesidades reales”, “de la actualización”, “de la eficiencia” construyen diseños curriculares “actualizados” , en función de las exigencias concretas de la tarea educativa. Por lo tanto, las asignaturas que  conforman el Pensum de estudio, deben tener alguna utilidad bien definida, nada de “teorías huecas” que se quedan en el olvido.
 El resultado final puede ser un “obrero de la educación”, cuya única meta en la vida consistiría en trabajar para comer, y cuyo motivo de rebelión se reduciría a la lucha por unas cuantas monedas más, que le proporcionarían un tanto más de placer alienante. El Pragmatismo aliena, y cuando la adicción enfermiza se da en la dimensión cognitiva...el paciente no tiene remedio.

Sumergidos en el ambiente pragmático, la pregunta sobre la importancia, o si se prefiere, sobre el sentido de la Filosofía en el Pensum de estudio de Educación, o de cualquier otra carrera, se hace complicada, al constatar que el pragmatismo nos domina más allá del discurso. No obstante a lo que se pueda decir en un ambiente académico, la Filosofía no ha llegado al corazón de los miembros de la comunidad universitaria, y no me refiero a los alumnos solamente. La mayoría preferiría cambiar “Fundamentos Epistemológicos”  por un curso de Autoestima; cambiar Filosofía Antropológica, por un taller de Elaboración de Carteleras; Filosofía de la Educación, por un taller de “Organización de Lunes Cívicos”; y Ética, por un Taller de Valores...Y lo peor es que no estoy exagerando...
 Y para colmo de males, todo el mundo “sabe Filosofía”, los psicólogos, los sociólogos, los orientadores, los educadores, los ingenieros, los médicos, y todos los investigadores de todos los niveles que puedan concebirse, saben Filosofía... A esta lista habría que añadirle a todas aquellas personas que pertenecen o han pertenecido a cualquier grupo religioso o “filosófico”. Según estos sabios, la Filosofía “es la vida misma”, o “el aire que respiramos”, o en términos curriculares, “es un eje transversal omnipresente en todas las áreas del conocimiento”... a todos ellos les recuerdo el comentario de Hegel, quien a mi juicio sí sabía de lo que estaba hablando:

“Esta ciencia tiene la mala suerte que aun aquellos mismos que nunca se han ocupado de ella se imaginan y dicen comprender naturalmente los problemas que trata, y ser capaces, ayudados de una cultura ordinaria, y en especial de los sentimientos religiosos, de filosofar y juzgar en Filosofía. Se admite que, respecto de las demás ciencias, sea preciso haberlas estudiado para conocerlas, y que sólo en virtud de dicho conocimiento se esté facultado para formular un juicio sobre ellas. Nadie duda de que para hacer un par de zapatos es preciso haber aprendido y ejercitado el oficio de zapatero, aun cuando cada uno de nosotros tenga la medida de su zapato en sus propios pies, y tenga manos, y con ellas la habilidad natural para dicho oficio. Sólo para filosofar no se necesitará ni estudio, ni aprendizaje, ni trabajo...”
El problema del pragmatismo académico, y de ahí la poca valoración de la Filosofía, tiene su base en un principio gnoseológico de consecuencias antropológicas. La “Dimensión del Hacer”no es más que una necesidad analítica, cuya existencia es únicamente ideal. En La realidad ontológica no existe tal dimensión del “Hacer”. El Hombre sólo y exclusivamente ES . El carpintero no es un hacedor de carpintería..es carpintero. Con mucha más razón el educador...Todo el proceso de aprendizaje en nuestra Facultad apunta, con o sin nuestro consentimiento, hacia el Ser del Educador...Jamás el aprendizaje se reduce al Hacer  (Dimensión que no existe en la realidad). Saltar las barreras del pragmatismo alienante y tomar conciencia de que siempre se educa en el ser, nos llevaría a valorar la importancia de la Filosofía en la Educación. Ya que definitivamente, la Filosofía no “sirve”...








PADRE NUESTRO


PADRE NUESTRO

Gerardo Barbera





Señor, enséñanos a orar,
Cuando oren digan así…
“Padre…” Dios es Padre,
El que nunca falla,
Siempre está ahí,
A mi lado,
A tu  lado.
Dios es Padre,
No es una energía flotante,
Porque un Padre
Te llama por tu nombre,
Te cuida,
Te protege,
Te ofrece lo mejor,
Te ha dado la vida.
Dios es Padre,
No es una Materia inútil,
Porque nos ama,
Mucho más de lo imaginamos,
Nos da el calor,
Las estrellas y luceros,
Dios nos da un corazón,
Unas manos,
Un deseo de ver el mar
Y sentir que en su Ser estamos.

Dios es Padre y somos sus hijos.


LA RACIONALIDAD ROMÁNTICA




4. “La racionalidad romántica”
 Gerardo Barbera



La cultura occidental ha producido sistemas de pensamientos, que pretendiendo no ser “racionalistas”, han presentado la misma ideología de explotación. Se trata de la otra cara de la moneda, una forma romántica, más hermosa de apoyar y fortalecer la cultura dominante.
 Esta forma de hacer filosofía se ha presentado como una reacción rebelde ante el imperio de la Razón; sin embargo, siempre ha sido más de lo mismo, con el peligro ideológico de pretender ser la única alternativa diferente, como la puerta secreta de la revolución. Lo triste ha sido, que casi siempre se trata de los mismo protagonistas, pero con ropa de “Hippis”.
Estos filósofos se han declarado como la clase rebelde, los subversivos. Sin embargo, se sientan en la misma mesa para disfrutar de los banquetes y de los privilegios de la vida. Son las mismas aves de rapiñas, las mismas garras, la misma sed de sangre, el mismo placer ante la muerte, la misma raza de vencedores, pero con palabras de poetas... No se ensucian al comer, son buitres de modales refinados.
  La complicidad se ha convertido en la alternativa... y la miseria de las clases marginales parece eterna, una realidad sin perspectivas de esperanza. No hay salida si la rebeldía se hace cómplice.
De tal manera, que la filosofía occidental en todas las manifestaciones, que ha mostrado a lo largo de la historia, ha sido la trama ideológica de justificación  de la política  que ha permitido a las clases dominantes mantener sus privilegios a costa del crimen eterno. Los débiles no tienen salida. La mayoría de los filósofos, ya sean racionales o “rebeldes”, no han tenido la capacidad, y en algunos casos, la voluntad de ser diferentes.
Tal vez, lo que ocurre es que la clase dominante llama “filósofos” a sus aliados. Al punto que toda filosofía gira en torno a la dominación. Y si algún pensamiento filosófico tiene en su origen algún contenido revolucionario de verdad, es transformado en práctica de dominación.
Las diferencias que puedan existir entre la filosofía de la razón y las filosofías rebeldes, se reducen, en la mayoría de los casos, al estilo literario con que son expresadas. Pero la intencionalidad ideológica resulta ser la misma, o por lo menos producen  resultados a favor de la dominación.
Tan a favor de la dominación resultó ser el sistema filosófico de Hegel, como el de Kierkegaard, o el de Nietzsche, aunque siempre hayan sido considerados sistemas de pensamientos en contra de lo establecido, en el fondo se trata de lo mismo.
 De  hecho, nada cambió en el sistema de vida, todo siguió igual en Alemania y en el resto del mundo. Lo único que lograron ellos y otros tantos como ellos; un Sartre, por ejemplo, fue tocar las fibras románticas de algún solitario poeta, pensador no comprendido, o de grupos de jóvenes rebeldes, que en la actualidad son los herederos y representantes del dominio y de la muerte.
Jamás la filosofía occidental, después de Sócrates, se ha ocupado de otra cosa que no sea la política. Todos los tratados de Ontología, Lógica, Metafísica, Antropología, Sociología, Ética. Y todas las corrientes del pensamiento, Idealismo, Racionalismo, Materialismo, Existencialismo, Marxismo... todo lo escrito no es más que justificación política.
La cultura occidental   ha consistido principalmente  en simples historia de guerras. Nuestros héroes son soldados. Y a los filósofos los consideramos como entes extraños, románticos, medio locos, de los cuales se ha valorado y asumido lo que sirve a la política.

martes, 22 de diciembre de 2015

MI AMIGO JULIÁN



MI AMIGO JULIÁN
Gerardo Barbera 



He vivido rodeado de soledades, escuchando miles de voces…tan vacías, tan silenciosas, tan lejanas; como si la realidad se esfumara entre las grietas de la muerte infinita. Los rostros giran sin nombres, sin almas, como ausencias delirantes que atormentan. Aquí, algunos alumnos y profesores parecen lobos hambrientos;  comen y comen sin parar, engordan, estiran sus garras, se aferran a sombras de otras dimensiones; y  finalmente, mueren  cansados; demasiado cansados de respirar y comer, de mirar sin entender, de soñar sin haber vivido en el paraíso que les prometieron, nunca se enteraron de que la Revolución Bolivariana fue un engaño, la vil venganza de un viejo que se muere en su reinado, allá en el medio de las aguas del Caribe. Y aquí, en la Tierra de Bolívar, los pobres de siempre se van de este mundo con el cerebro en blanco, totalmente olvidados. Los líderes bolivariano, los muñecos de Fidel,  ofrecieron panteones a sus Generales… y les cumplieron, llenaron de soles los hombros de los uniformes, y los soldados murieron felices con el deber cumplido, con sus casacas rojas, sus flores rojas…sus Generales se fueron al cielo… mientras el Pueblo se queda haciendo colas, largas colas mendigando un poco de harina de maíz.
¿Saben lo que me dijo un profesor de Filosofía, de esos que pensaban liberar al pueblo, ustedes saben, “concientizándolos” con los viejos conceptos comunistas de Marx?... “La existencia plena se realiza en el encuentro con el Otro, con el ser humilde que se muestra en los rostros oprimidos… ¡Con el Puebloooo!” Ya quisiera yo que el profesor Julián estuviese aquí conmigo. Julián se fue hace poco, ya hablaba solo, con la mirada perdida tratando de encontrar los rostros populares de los que tanto nos habló. ¡Ojalá estuvieses aquí, querido amigo! ¿Sabes…? Aquí está el Pueblo, y yo estoy con ellos…sí…aquí mismo, en la misma cola, tratando de encontrar un pote de leche en polvo… no es para mí, ni voy a revender, es para mi esposa, Ella toma su café con leche cada mañana y cada noche.
Y aquí estoy haciendo la cola, rodeado de esos rostros de los que nos hablaste. Profesor Julián…el rostro del Pueblo está casi deforme, la Revolución Bolivariana de los farsantes  le ha robado la sonrisa. La gente en la cola me asfixia, siento  deseos de empujarlos a todos, es como si las personas me estorbaran; como si de pronto, una fiebre terrible me invadiese, y siento un calor pegajoso que no puedo soportar. “Ese coleado”, “sáquenlo”, “fuera”, “fuera”. Yo también grito, no sé lo que está pasando en la entrada del mercado, pero estoy indignado, cansado de todo y de todos. La Guardia Nacional dispersa a la multitud con “bombas lacrimógenas”. Todos corren hacia cualquier parte. La cola ha terminado por hoy; tengan la seguridad de que mañana volveré, trataré de llegar una hora más temprano. Juro que no me van a colear.


3. LA CULTURA DE LA RACIONALIDAD




  
3. La Cultura de la Racionalidad
Gerardo Barbera



El hombre culto, el sabio, quien se dedica a cultivar el saber, quien haya desarrollado su inteligencia racional, es necesariamente, por ley natural, un ser superior. No se trata de un asunto personal, la cuestión es consecuencia de una ley tan firme como cualquier ley de orden físico. La superioridad del hombre que se dedica al saber verdadero es una ley tan natural como las salidas del sol todas las mañanas.
El término “hombre” pasó a ser propiedad casi exclusiva de aquel que pertenecía al grupo de los cultos, o al círculo de la racionalidad. Quien no había desarrollado su racionalidad al grado de pertenecer al círculo de los racionales, pasó a ser considerado un ser de orden inferior, parecido a los animales; es decir, un bárbaro.
De esta forma, comenzó a justificarse, desde una visión  antropológica, ontológica y metafísica, una realidad social, en donde el hombre culto tenía el derecho natural de ser libre y desarrollarse, gracias a los derechos adquiridos por el nivel  superior de racionalidad.
 Por otra parte, quedó claro, que el hombre bárbaro, el casi animal, no podía gozar de los mismos derechos que el hombre culto, y que por lo tanto, estaba destinado a la esclavitud, como cualquier animal necesitado de ser domesticado al servicio del hombre sabio.
 El hombre racional necesitaba de la libertad para desarrollarse. El bárbaro, necesitaba ser esclavizado por el hombre culto, para ver si por lo menos podía aprender algo y desarrollar su pobre nivel de racionalidad. La esclavitud era el acto de bondad del hombre sabio hacia el bárbaro. La esclavitud era tan natural como las lluvias.
 Así se llegó a justificar, desde la filosofía, desde el saber máximo, desde el paradigma de la clase social dominante, el hecho de que los seres no cultos, simplemente no tenían derechos propiamente humanos.
Como por ejemplo, el caso de las mujeres, consideradas animales de uso doméstico, sin derecho al saber, condenadas a un sin sentido existencial verdaderamente humano, destinadas a la reproducción y a la cría.
Desde el punto de vista de las relaciones entre los pueblos, se justificó  el derecho que tenía la raza culta  de imponerse a sangre y fuego si era necesario, en nombre de la evolución hacia la perfección de la raza humana,  lucha a la que se sentía llamada por vocación, con el fin divino de cultivar el desarrollo de la racionalidad, sobre todos los pueblos bárbaros, quienes eran muestra concreta de  inferioridad, y que implicaban  un peligro de retroceso de la racionalidad hacia la animalidad.
El bárbaro tenía que ser sometido por el bien de toda la humanidad. El salvaje tenía que ser domesticado a fuerza de látigo y cadenas. Solamente podía escapar al destino de la esclavitud los sobrevivientes que lograban aprender del hombre culto, hasta repetir el alfabeto de la dominación y aceptar como natural la inferioridad de su propia raza y la superioridad del amo.
La esclavitud se convirtió en la clave de interpretación de la historia de nuestra cultura. La muerte del esclavo ha sido la semilla de lo que hoy solemos llamar “Tercer Mundo”, consecuencia del dominio de la Conciencia ordenadora de la raza superior, quienes en realidad han sido los únicos en tener “derechos humanos”.
No es exagerado, afirmar que el pensamiento de Aristóteles está presente, de manera real y concreta, en cada rincón de la actual “Aldea Global”. Y que se hizo historia en América, a partir de la llegada del conquistador europeo. Y llegó para quedarse en nuestras venas mestizas. El pensamiento aristotélico ha sido la herencia más evidente y auténtica que los mestizos  adquirimos del conquistador de raza superior. De hecho, es en lo que más nos parecemos a los europeos.
Aristóteles entró en la estructura integral del lenguaje y del pensamiento. Somos la prolongación mestiza de la interpretación griega de entender la realidad. Y quizás  los mejores intérpretes del paradigma de la esclavitud, tanto como víctimas, como victimarios.  En nuestras tierras existen demasiados esclavos marginales, eunucos políticos; y muy pocos hombres libres. Es decir, millones de bárbaros al servicio de pocos herederos de la sabiduría griega.
La condición de esclavitud se ha convertido en un hecho tan natural, que forma parte esencial de la concepción de sociedad. No se trata solamente de que nos hemos acostumbrado a su presencia. 
La esclavitud del más débil, en manos del hombre de raza superior y dueño del saber, se ha convertido en un hecho justificado metafísicamente, al punto que la dimensión ontológica de la existencia en sí de la clase marginal, se arrodilla frente al poder de la racionalidad que la somete, de la misma manera como enfrenta a la muerte.
La muerte se interpreta como un hecho natural, parte del ciclo de la vida. Nadie escapa a la muerte. Sería inútil pretender no morir. La muerte es una dimensión de nuestro ser en sí, por lo tanto es un hecho evidente. Desde el punto de vista ético, nadie es responsable de que el hombre sea un ser mortal. El que algún día se tenga que morir, nada tiene que ver con nuestra condición social o económica. Todos tenemos que morir, tanto el pobre, como el rico. La muerte es una ley física que siempre se cumple.
De la misma manera, se ha interpretado la esclavitud del hombre débil, del no culto, del bárbaro, del habitante de las zonas marginales, de aquellos que pasan su vida dentro y desde la miseria. La miseria es algo tan natural como la muerte. Es un hecho simple, se nace para la miseria y punto. Nadie tiene la culpa de la existencia de las clases marginales.
 No hay responsabilidad. Se trata simplemente de una ley física, ante la cual sería estúpido oponerse. La esclavitud se ha convertido en un hecho ontológico. Aquí radica el poder de la racionalidad sobre la animalidad.
La ley universal de la esclavitud ha condicionado el desarrollo de la historia de la América mestiza. Definitivamente, somos de padre de raza griega, somos hijos del conquistador, del todopoderoso dueño y amo de todo y de todos. Para sobrevivir, hemos tenido que imitarlo, al punto, que el éxito en la vida dependerá del nivel de imitación alcanzado.
El valor de la existencia de un mestizo dependerá de su capacidad de enterrar el recuerdo de una madre esclava. La madre es esclava y el padre  conquistador. Quien mantenga los rasgos maternales estará condenado, por ley natural, a la marginalidad y a la esclavitud. Quien se parezca al padre, será el amo y señor. Esa lección la hemos aprendido a lo largo de nuestra historia.
Es increíble la dialéctica de la existencia histórica del mestizo, obligado a negar a la madre para huir de la esclavitud, tener que imitar al padre conquistador; pero, sin lograrlo jamás. Tiene que llorar su frustración eternamente entre los brazos de la madre. Para los mestizos condenados a la marginalidad, la madre siempre ha sido signo de dolor y protección. La madre es el consuelo de los desposeídos. De ahí su grandeza y su tristeza.
El hombre latinoamericano es heredero de la cultura occidental. Se puede decir, que somos griegos de corazones selváticos y enigmáticos. Somos raza blanca y racional; pero, con fuerzas internas de origen maternal, totalmente misteriosas, apegadas a la profundidad y al silencio de los grandes ríos que recorren a la América mestiza. Somos los griegos de mirada silenciosa.
Sin embargo, la cultura dominante ha impuesto la ley de sobrevivencia, en donde el que ha desarrollado la racionalidad, es digno de llamarse persona. Quien no ha desarrollado su racionalidad se considera, simplemente, un animal, cuya utilidad se reduce a su capacidad para desarrollar el aparato productivo, “animales domésticos”.
Los incultos son la parte del pueblo, que han nacido con la señal de la esclavitud en la frente. Han nacidos para ser dominados, amaestrados. La ley natural, metafísica y universal ha determinado que quien haya desarrollado su racionalidad, quien sea heredero de la raza superior es el amo. El hombre de raza débil o maternal tiene que ser esclavo, una propiedad del conquistador.
La cultura de la racionalidad, convertida en política de dominación, ha logrado convertir en ley natural y metafísica la explotación del “otro”, de aquel que no pertenece a la raza de los elegidos. De tal manera, que en nombre de la cultura pura y divina, un pueblo se ve con el derecho de conquistar y dominar a los otros pueblos.
 Los hombres de la raza superior se convierten, por orden de los dioses, en los jueces de toda la humanidad, en el criterio de “humanidad” que debe guiar a toda la humanidad. Todo aquello que no esté en total consonancia con la ideología y cultura de la raza dominante, tendrá que ser eliminado a como dé lugar, para poder mantener el orden mundial de paz y justicia.
La injusticia y la barbaridad se identifican. Es la raza superior, la cultura de la racionalidad, quien determina y señala la “barbaridad”. El conquistador se convierte en juez y ejecutor. Nadie tiene derecho de vivir una cultura diferente a la dominante. No se pueden permitir retrasos en la evolución de la raza superior. La justicia consiste en matar al bárbaro, para que pueda surgir el “súper hombre”. La consigna es clara: “muerte al extraño”. La racionalidad impone la supervivencia de “los más apto”, según una ley ontológica que se cumple en toda la naturaleza y que guía la historia de todos los seres vivos del planeta. La muerte del hombre marginal es la cosa más natural y necesaria del universo.


viernes, 18 de diciembre de 2015

CUANDO LLEGA LA NOCHE




CUANDO LLEGA LA NOCHE


Gerardo Barbera







*


La misma calle de aquellos años,
las mismas casas,
las mismas ventanas,
el mismo árbol...,
dos nombres...,
una flecha...,
un corazón...,
yo te recuerdo.
**
¿Te acuerdas?, ¡no te rías!
Ven, vamos a la playa,
tomaremos cervezas,
tú me hablarás de los hijos,
yo, dibujaré en la arena,
¡Dios, cuántos se han muerto!
tú, dirás que te duele el alma,
yo te besaré...,
y cuando llegue la noche,
caminaremos bajo las palmas,
me dirás que estás cansada,
dormirás a mi lado...,
mientras cuido tus sueños.